Campos de Trabajo 2018

 Un Campo de Trabajo es una experiencia intensa para compartir unos días con aquellas personas más necesitadas: puede ser con personas Mayores, aquellos que sufren una enfermedad mental o el mundo de la diversidad Funcional (discapacidad). Es un tiempo para profundizar en lo que supone para cada uno el encuentro con el otro y la presencia de Jesús como Buen Samaritano.

Durante esos días, hay momentos para todo. Tiempo de disfrutar, de compartir, de ayudar, de divertirse, de reflexionar, de orar, de cantar, de jugar, de reír, de descansar… tiempo para todo, pero sobre todo, tiempo para el otro.

os compartimos un enlace.

http://www.hospitalarias.es/70-jovenes-han-participado-en-nuestros-campos-de-trabajo-hospitalarios-pjv-en-movimiento/

Vive la Hospitalidad

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Solidarios en Verano

SORPRESA, DESCUBRIMIENTO, ENTREGA Y VIDA, ASÍ SON NUESTROS CAMPAMENTOS DE TRABAJO SOLIDARIOS

En nuestro empeño de dar a conocer la Hospitalidad cada año organizamos actividades para Jovenes.

Como ya viene siendo habitual, durante el mes de julio, el Centro Fundación Purísima Concepción de Hermanas Hospitalarias en Granada acoge grupos de jóvenes que quieren realizar una experiencia de trabajo solidario durante una o dos semanas. Este año han recibido a un total de 36 jóvenes de entre 17 y 27 años. os compartimos el enlace.

http://www.hospitalarias.es/sorpresa-descubrimiento-entrega-y-vida-asi-son-nuestros-campamentos-de-trabajo-solidarios/

Una pequeña semilla

Hoy el Evangelio nos trae a la memoria dos parábolas de Jesús. El Reino se parece a la semilla que siembra el campesino y que luego crece sin que nadie sepa cómo en la oscuridad de la tierra. Pero crece y termina dando su fruto. La otra dice que el Reino se parece a la semilla de mostaza, la más pequeña de las semillas, pero que luego se hace tan grande que hasta los pájaros del cielo se cobijan en la planta que sale de aquella semilla.

Confianza en que el Señor lleva nuestra vida, ha puesto la semilla de su palabra en nuestro corazón y sin darnos cuenta va creciendo y moviendo nuestro corazón hacia Él, así mismo  conciencia que en la pequeñez y sencillez crece el reino de Dios.

Para practicar la Hospitalidad hay que hacer cosas pequeñas, aquellas que están a nuestro alcance cada día:

– una sonrisa a los que conviven conmigo,

– una palabra de aliento al que está decepcionado o triste,

– echar una mano al que marcha agobiado para aliviarle el peso que lleva sobre sus hombros

– unos pasos de cercanía hacia el que está distante y le cuesta acercarse,

– una felicitación a aquel que ha triunfado en su trabajo,

– un rato de compañía al enfermo o anciano que vive en soledad,

– un silencio de empatía con el que sufre,

– una palabra de aliento al que está cansado, sin fuerzas…

– ….

¡Cuántas cosas pequeñas podemos y debemos realizar hoy, ahora, cada día!

Y así sin darnos cuenta el Reino de Dios ira creciendo…

Practicad la Hospitalidad

Nuestra Madre

Nuestra buena Madre nos ha tenido y nos sigue teniendo siempre bajo su felicísimo amparo (c.136)

En este día, 31 de Mayo, celebramos el día de Nuestra Señora del Sagrado Corazón y además, es el aniversario de la fundación de la Congregación. 137 años de Hospitalidad con rostro femenino.

San Benito Menni fue un gran amante de María. Es por ello que la Congregación de las Hermanas Hospitalarias está bajo la protección de y el amparo de Nuestra Señora del Sagrado Corazón, La Virgen María es para las Primeras Hospitalarias una presencia cercana y un modelo a imitar. Por eso, el P. Menni la considera la verdadera Fundadora de la Congregación. pues ella fue la primera hospitalaria, y la que acogió a Jesús en su seno.

Hoy las hermanaos cantamos nuestro Magníficat al Señor, que nos llamó a la vida Hospitalaria y nos sostiene en la misión. Con Ella y como Ella compartimos y aliviamos el dolor de nuestros hermanos y enfermos, a ella confiamos nuestra vida.

Que el ejemplo  de Maria sea para todos los que formamos la Familia Hospitalaria una guía en el camino sirviendo a las personas enfermas que están a nuestro cuidado.

Feliz 137 Aniversario.

 

Tinidad Amor

La Santísima Trinidad no es el producto de razonamientos humanos, es el rostro con el que Dios se ha revelado a sí mismo, no desde lo alto de un trono, sino caminando con la humanidad. Es Jesús quien nos ha revelado al Padre y quien nos ha prometido el Espíritu Santo.

Dios se nos ha manifestado como Padre, Hijo y Espíritu Santo. Y más allá de que lo podamos comprender o de nuestras ideas, es con el corazón que entendemos y podemos experimentar que Dios es amor. Es amor entre el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo. Y es amor para cada uno de nosotros. Dios es amor y no puede hacer otra cosa que amar. No hay otra forma de entenderlo más que amando.

Amando a los hermanos que Dios ha puesto en nuestro camino, al cercano y lejano, al caído en el camino y también al que nos mira con indiferencia.

Vivir la Hospitalidad es acoger sin distinción, es Amar.

Acompañar la fe, Escuchar la vida, Practicar la Hospitalidad

 

Debéis ser Templo Sagrado en donde mora el Señor. Pensadlo bien y estremeceos profundamente, pues Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Santo, quieren morar en vuestros corazones, día y noche.

San Benito Menni. (c.493)

 

 

Sopla tu Espiritu.

Sopla Tu Espíritu, Señor, abre nuestros corazones.

El paso del Espíritu por la vida de los discípulos tuvo consecuencias inmediatas, habían estado encerrados, llenos de miedos y dudas. Ahora abren las puertas y las ventanas.

El Espíritu, hace que los creyentes salgan al mundo, entren en diálogo y lleven a todos la buena nueva de la salvación. El Espíritu actúa en todos los miembros de la comunidad, les hace confesar sin miedo su fe. El Espíritu sigue llegando a nuestros corazones, nos hace una sola familia y nos da la misión de seguir anunciando en el mundo la buena nueva del Evangelio. El anuncio de que Dios nos ama como hijos.

Hoy somos buena noticia, somos enviadas a Practicar la Hospitalidad.

Ven, Espíritu divino,
 manda tu luz desde el cielo.
 Padre amoroso del pobre;
 don, en tus dones espléndido;
 luz que penetra las almas;
 fuente del mayor consuelo.
Ven, dulce huésped del alma,
 descanso de nuestro esfuerzo,
 tregua en el duro trabajo,
 brisa en las horas de fuego,
 gozo que enjuga las lágrimas
 y reconforta en los duelos.
Entra hasta el fondo del alma,
 divina luz, y enriquécenos.
 Mira el vacío del hombre,
 si tú le faltas por dentro;
 mira el poder del pecado,
 cuando no envías tu aliento.
Riega la tierra en sequía,
 sana el corazón enfermo,
 lava las manchas, infunde
 calor de vida en el hielo,
 doma el espíritu indómito,
 guía al que tuerce el sendero.
Reparte tus siete dones,
 según la fe de tus siervos;
 por tu bondad y gracia,
 dale al esfuerzo su mérito;
 salva al que busca salvarse
 y danos tu gozo eterno. Amén

 

Pascua del Enfermo

Nos unimos hoy a toda la Iglesia para celebrar este domingo, el 6º Domingo de Pascua, donde se celebra la Pascua del enfermo. Rezamos por todas las personas que residen o están ingresadas en nuestros centros para que el Señor les de la fuerza en estos momentos de enfermedad y encuentren a su lado a personas que la acompañen y sostengan.

En el mensaje de los obispos para la “Pascua del enfermo-2018” podemos leer:

“Nos parece importante llamar la atención sobre algunas situaciones particularmente difíciles, como son enfermedades de larga duración, personas con problemas de salud mental o con importante deterioro cognitivo, o personas con una particular dependencia. Ciertamente, deberemos atender de modo distinto estas diversas situaciones.

No es igual cuidar durante un tiempo breve a un enfermo o hacerlo un tiempo prolongado, o que los cuidados requieran un mayor o menor esfuerzo con el consiguiente cansancio.

Acompañar a quien cuida un miembro de la familia con problemas de salud mental necesita una mayor carga de paciencia y comprensión. Entre otras razones porque sigue pesando un especial estigma sobre las personas con enfermedad mental. No podemos perder de vista que son personas especialmente vulnerables y el desgaste de la familia que les cuida es más profundo.

No queremos dejar de agradecer a tantas personas que, sin ser familia de sangre, cuidan de los enfermos y, en cuanto cuidadores, también deben ser objeto de nuestra atención y acompañamiento. Pensemos en tantos profesionales sanitarios, en los voluntarios en parroquias y centros hospitalarios, o en tantos otros agentes que trabajan en la Pastoral de la salud y se convierten también en familia del enfermo.

En la Iglesia somos conscientes del tesoro que son cada uno de los enfermos y quienes les cuidan. “Vuestro silencioso testimonio es un signo eficaz e instrumento de evangelización para las personas que os atienden y para vuestras familias, en la certeza de que ninguna lágrima, ni de quien sufre ni de quien está a su lado, se pierde delante de Dios

Vosotros sois los hermanos de Cristo paciente, y con El, si queréis, salváis al mundo”

 

VIVID Y PRACTICAD LA HOSPITALIDAD

¿De dónde hemos merecido nosotros la gracia de que se digne el Señor emplearnos en su servicio (de los enfermos) y en alivio de sus vivas imágenes?.

San Benito Menni (Carta nº 406)

 

ORACIÓN
Nos has bendecido, Señor,
con el don de la fe que sana y salva y,
en la que todo encuentra sentido.
Señor,
en momentos de duda y desconcierto,
cuando se imponen el dolor y el miedo
o domina el sufrimiento: aumenta nuestra fe,
para descubrir tu amor entrañable,
tu misericordia que sana las heridas,
tu voluntad de conducirnos a la plenitud.
Señor,
que en cada acontecimiento de la vida,
en la salud o en la enfermedad,
en la alegría o en el llanto,
pasemos haciendo el bien,
siendo testigos de tu amor que salva.
Amén