Celebramos a San Benito Menni

Hoy, 24 de Abril, es un día muy especial para toda la Comunidad Hospitalaria ¡ESTAMOS DE FIESTA!, porque celebramos el día de San Benito Menni.

El aprendió desde niño a dejarse guiar por su profunda Fe que le llevaba a comprometerse y a acercarse allí donde hubiera alguien sufriendo. Benito Menni siente una vocación especial por los enfermos mentales, y se siente profundamente llamado a trabajar por ellos para devolverles su dignidad, y cuidarles y tratarles como los preferidos de Dios.

Fue un hombre sensible a las necesidades de los hombres y mujeres de su tiempo y se comprometió con ellos para solucionarlas. Pasó por la vida haciendo el bien: acogió en su casa a los pobres sin techo, se preocupó de los huérfanos, dio de comer a los hambrientos, vistió al que estaba desnudo, sirvió y curó a los enfermos.

Restauró la Orden de los Hermanos de san Juan de Dios y fundó la Congregación de las Hermanas Hospitalarias del Sagrado Corazón de Jesús. El Inició la Obra hospitalaria que nosotros continuamos.

Por todo ello nos alegramos con Cristo Resucitado le damos gracias por el bien que hizo san Benito Menni y por el que continúa haciendo a través de todas las personas que formamos la comunidad hospitalaria: hermanas, colaboradores, enfermos, usuarios y sus familias.

Hoy, seguimos celebrando la vida fecunda en obras de santidad de Benito Menni.

Hoy, su legado nos invita a seguir siendo fieles a la entrega por el que su sufre, porque Cristo resucitado se nos hace presente en las personas que atendemos y cuidamos.

Desde aquí queremos felicitar a todos los que formamos la gran FAMILIA HOSPITALARIA en un día tan especial.

Que seamos siempre testigos de este amor misericordioso de Dios a todas las personas que sufren, al estilo de San Benito Menni, y hagamos de la Hospitalidad nuestra seña de identidad. Que todos juntos, hermanas y laicos, sigamos recreando juntos el carisma de la Hospitalidad.

“Yo estoy convencido de que lo único y esencial es amar a Jesús y al prójimo por amor suyo.” ( S. Benito Menni c. 166)

¡FELIZ DÍA PARA TODOS

https://www.youtube.com/watch?v=xCVCOYi_yUI

Encontrarnos con el Resucitado

“Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado”.

Es el Resucitado el que habla y nos invita a tocar, acercarnos a las heridas de nuestros hermanos. Jesús Resucitado se manifiesta al meter la mano en las heridas de Jesús muerto, de Jesús que ha recogido el dolor del mundo.

“hagamos mucho bien a los pobres, que cuanto más desgraciados, representan más al vivo a Jesús Nuestro Redentor”. (S Benito Menni c. 346)

A Jesús Resucitado no solo le encontramos en la paz de las iglesias. Estamos llamados a meter la mano en las heridas del mundo y hay que acercarse a los pobres, a los marginados, a los que sufren por cualquier razón.

Tocando la cruz, es como nos encontramos con el Señor Resucitado. Tocando las heridas de nuestros hermanos y hermanas, será como podremos escuchar de los labios del mismo Jesús la palabra que sanará nuestro corazón: “Paz a vosotros”.

Vivir nuestra Hospitalidad es acercarnos cada día al sufrimiento de nuestros hermanos, de los enfermos. Desde nuestras actitudes de ternura, cercanía, escucha y acogida, ser signos y trasparencia de Cristo Resucitado, que a ellos también les dice “Paz a vosotros”

“Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo.” ( Gaudium et Spes)


“¡alabado sea Dios, que se digna servirse de nosotros para hacer algún bien a tantos desgraciados ¿De dónde hemos merecido nosotros la gracia de que se digne el Señor emplearnos en su servicio y en alivio de sus vivas imágenes?” (S Benito Menni c. 406)


 

Vayamos a anunciar: el Señor está Vivo.

Hoy es un día de fiesta y alegría. ¡El Señor ha resucitado! Y desde la Hospitalidad somos invitados a ser anuncio de que Cristo Vive.

El Papa Francisco en su homilía de la vigilia pascual nos dice:

“Dios irrumpe para trastocar todos los criterios y ofrecer así una nueva posibilidad. Dios, una vez más, sale a nuestro encuentro para establecer y consolidar un nuevo tiempo, el tiempo de la misericordia. Esta es la promesa reservada desde siempre, esta es la sorpresa de Dios para su pueblo fiel: alégrate porque tu vida esconde un germen de resurrección, una oferta de vida esperando despertar

Y eso es lo que esta noche nos invita a anunciar: el latir del Resucitado, Cristo Vive. Y eso cambió el paso de María Magdalena y la otra María, eso es lo que las hace alejarse rápidamente y correr a dar la noticia. Eso es lo que las hace volver sobre sus pasos y sobre sus miradas. Vuelven a la ciudad a encontrarse con los otros.

Así como ingresamos con ellas al sepulcro, los invito a que vayamos con ellas, que volvamos a la ciudad, que volvamos sobre nuestros pasos, sobre nuestras miradas. Vayamos con ellas a anunciar la noticia, vayamos… a todos esos lugares donde parece que el sepulcro ha tenido la última palabra, y donde parece que la muerte ha sido la única solución. Vayamos a anunciar, a compartir, a descubrir que es cierto: el Señor está Vivo. Vivo y queriendo resucitar en tantos rostros que han sepultado la esperanza, que han sepultado los sueños, que han sepultado la dignidad. Y si no somos capaces de dejar que el Espíritu nos conduzca por este camino, entonces no somos cristianos.

Vayamos y dejémonos sorprender por este amanecer diferente, dejémonos sorprender por la novedad que sólo Cristo puede dar. Dejemos que su ternura y amor nos muevan el suelo, dejemos que su latir transforme nuestro débil palpitar.”

Si dejémonos sorprender por el Resucitado, cambiemos nuestras miradas y en nuestra Galilea  busquémoslo en nuestros hermanos, porque Él está vivo, y camina a nuestro lado.

¡Que se note en nuestra vida que CRISTO VIVE DENTRO DE NOSOTROS!

¡MIRAD, ÉL VIVE HOY, ANÚNCIALO!

 

HACED VOSOTROS LO MISMO

En la última cena, Jesús lava los pies a sus discípulos… Ellos no lo entienden, pero Él sabe que se está despidiendo… Por su cabeza pasan todos los momentos compartidos… los buenos y los malos momentos las dudas, los cansancios, la soledad…

Los eligió uno a uno. Los llamó por su nombre… Les invitó a compartir el camino, los sueños,  las dudas, la fiesta, la vida… Él les dio todo lo que tenía, a él mismo.., y a su Padre. Ellos serían su familia, sus enviados, sus mensajeros, su luz… Ya no tiene más oportunidades. Tiene que decirles de un modo muy claro qué es lo más importante. Y lo hace con un gesto…

Se quita el manto, no es necesario, para servir sobra todo lo superfluo.

Se pone de rodillas, en el suelo, a los pies de Pedro, o de Juan, o de Mateo, o de ti… Toma en las manos sus pies.., sin prisas, con delicadeza, con cariño,,,

¡Qué bien escogió el gesto! No lavó la cabeza, ni las manos. Fueron los pies… Sí, mis pies. No es la parte de mi cuerpo de la que estoy más orgulloso, pero realmente es importante: ellos me unen al suelo, a la tierra, a la vida; ellos notan el cansancio y reciben las heridas del camino…

Esos pies, con su cansancio, sus heridas y sus tropiezos, son el centro de atención de Jesús… Inclina su espalda.., centra su mirada,., acoge con sus manos.., toda su persona está centrada en ese gesto, en mis pies, en mi vida… Toma el cántaro del agua y, con ternura, me lava los pies, me quita la suciedad del camino, alivia mi cansancio Le estoy oyendo en mi interior: ¡te quiero!

Una vez que terminó de lavarles los pies, se puso de nuevo el manto, volvió a sentar se a la mesa, y les preguntó: ¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis Maestro y Señor, y tenéis razón, porque lo soy. Pues si yo, vuestro Maestro y Señor, os he lavado los pies, lo mismo debéis hacer vosotros unos con otros.

HACED VOSOTROS LO MISMO

Nos invita a seguir sus huellas… Ya no es Jesús quien lava los pies. Él es el lavado… Resuena su voz:

Os aseguro que todo lo que hagáis en favor del más humilde de mis hermanos, a mí me lo hacéis… (Mt 25)

¡Cuántos rostros! ¡Cuántos pies heridos! ¡Cuántas vidas cansadas y necesitadas!… Todos ellos están ahí, sentados y con los pies tendidos… Ellos también tienen nombre.  Cada uno tiene su historia… ¡Cuánto se parecen sus rasgos a los de Jesús! Está en todos ellos, en sus miradas, en sus palabras, en sus tropiezos…

Acoger, acoger muchos pies, muchos rostros… y todos ellos, con los rasgos de Jesús…

Y tú ¿a quién acoges?…

Nuestra Gran Semana

Hemos iniciado la semana grande para los cristianos. Revivimos, recordando agradecidamente, la expresión máxima del amor de Dios, en la fidelidad y entrega, por amor, de Jesús.

En estos días, de nuevo se nos recuerda algo fundamental: el amor de dios es gratuito, personal y para siempre… por mí, por cada hombre, por todos, sin excepción…

Que nada nos impida vivir en esta verdad, que es el fundamento de nuestra historia, de nuestro vivir, y que nos capacita para la entrega, día a día, sabiéndonos siempre amados, acompañados.

 

 

Dar Vida

Estamos llamados a Dar vida con nuestra Hospitalidad

En la aproximación en clave Hospitalaria que nos hace Danilo Farneda sobre el evangelio de Hoy, Nos podemos preguntar ¿Cuánta vida estoy Dando? Por qué ser Bautizada y participe de la Resurrección de cristo es una llamada a dar vida. A colaborar en la construcción de un mundo mejor.

Corred la piedra del sepulcro…, “desatadlo y dejadlo andar”.  En el momento de la resurrección de Lázaro, “Jesús prefiere implicar a los presentes… es un invitación a la participación, al compromiso comunitario y personal. Dios nos ayuda pero no nos suple. No impone la vida, nos la impone como tarea. Dios está presente en nuestras vidas y nos regala el poder construir nuestra biografía. Nuestro compromiso por el Reino nos debe llevar a Dar Vida.”

Vivir la Hospitalidad no consiste en quedarnos parados ante el dolor de nuestro hermano, se trata de ponernos a su lado, acoger su dolor, acoger también nuestro propio sufrimiento y en la esperanza de la resurrección, con la gracia del Espíritu Santo que crece en nosotros, colaborar para hacer una vida más justa. Construyamos Hospitalidad.

“Ojalá pudiéramos así sacrificar gota a gota nuestra vida y morir por amor de Jesús; está en la única y verdadera dicha y verdadera vida…. Orar, trabajar, servir a Dios y callar”. (San Benito Menni c. 331)

 

 

 

 

Anda, levanta y camina…

“¿quieres curarte?”. “Anda, levanta, toma tu camilla y camina”

Estos días los evangelios nos muestran como Jesús se acerca a la enfermedad, la debilidad del hombre y lo levanta… Vimos este domingo como la mirada de Dios no es como la mirada del hombre, pues el hombre mira las apariencias, pero el Señor mira el corazón. La mirada de Dios es siempre misericordiosa, llena de amor. Jesús mira nuestra verdad y así es como nos ama y acepta. Así es como nos cura y salva. Nos ve en el lugar que estamos caídos y toma la iniciativa, Él se acerca y nos levanta.

La cuaresma es una invitación a enfocar bien nuestra mirada, a acoger la verdadera relación con Dios. Él es un Dios Padre, que nunca se cansa de perdonar y de amar a sus hijos. En el evangelio de hoy, vemos como Jesús, se acerca al enfermo, que en soledad y apartado espera la curación y se entabla un diálogo; Un diálogo de corazón a corazón. “¿quieres curarte?”. “Anda, levanta, toma tu camilla y camina”. Jesús entabla un diálogo de amor que es sanador, se interesa por la realidad de la persona y le hace sentirse acogido, escuchado.

Tomemos conciencia de que hay hermanos nuestros que están solos, y que necesitan de una mano amiga que les ayude a afrontar las dificultades de su la vida y caminar. Levantarse de todo aquello que limita su vida y caminar erguido según el proyecto de Dios.

Vivir la Hospitalidad es pasar por el mundo mostrando que ese Jesús que cura y te acepta como eres, que ese Jesús que Ama sin mirar las apariencias, camina a tu lado y te invita a levantar la mirada y ver a los que contigo caminan.

Anda, levanta y camina…