Nuestra piedra

¿Cuál es la piedra angular de tu vida?

Al leer el evangelio de este domingo no sé muy bien como pero me vino al recuerdo este  cuento que hace tiempo llego a mis manos y me hizo reflexionar precisamente donde está el fundamento de nuestra vida.

“En una pequeña aldea vivía un mendigo muy conocido por todos sus habitantes, por su asombrosa capacidad para dar consejos y ayudar a las personas. El mendigo, sólo pedía la voluntad por ofrecer sus sabias palabras a los habitantes del pueblo. Tal llegó a ser su fama que el Rey, sorprendido por lo que le contaban, decidió visitarlo y pedirle consejo. Tras visitarle, el Rey quedó muy satisfecho con los consejos del mendigo y le pidió que le acompañase al palacio para que pudiese ayudarle en las tareas del día a día. El mendigo accedió y se marchó a vivir a un suntuoso palacio.

Cada día que pasaba, el Rey se mostraba más satisfecho con la ayuda del mendigo hasta que decidió prescindir de todos sus consejeros.

Uno de estos consejeros, resentido por la decisión del Rey, decidió espiar al mendigo para descubrir de donde venía su capacidad para aconsejar tan sabiamente. Para su sorpresa descubrió que el mendigo abandonaba el palacio al atardecer y volvía a él antes de que amaneciese.

Un buen día decidió seguirle para ver qué hacía durante esas horas que se ausentaba del palacio.  Sorprendido vio como el mendigo se dirigía al anochecer a una cabaña que se encontraba a las afueras del palacio. Ahí, el mendigo se despojaba de sus ricos ropajes y se volvía a poner sus antiguos harapos. Luego se acostaba en el suelo sobre un lecho de paja. Por la mañana, el mendigo se volvía a poner sus ricas vestimentas y volvía a palacio.

El consejero se dirigió al mendigo y le preguntó:

“Mendigo, cuál es el motivo por el que te despojas de tus ropas para volver a ponerte tus harapos y duermes sobre el duro suelo pudiendo dormir sobre un lecho cómodo en el palacio”.

“Muy sencillo”, le contestó el mendigo. “Para no olvidarme nunca del lugar de donde vengo”.

Por que quien se olvida del lugar de donde viene, olvida parte de su esencia como persona.”

¡Su esencia como persona!

En nuestra vida Hospitalaria, en nuestra tarea evangelizadora, hacemos muchas cosas, podemos recibir elogios, valoraciones positivas de lo que hacemos, ver la recompensa a nuestros esfuerzos… y eso puede llevarnos a pensar que somos fuertes, importantes, que nos merecemos los elogios. Pero lo importante no es que hacemos sino quienes somos, cual es nuestra esencia, cual es nuestra piedra angular. porque si olvidamos de quien es la tarea, quien nos envia, de quien es la viña, nos puede pasar como a los trabajadores de la viña.

Para nosotros, la piedra angular de nuestra vida, de dónde venimos…es Dios Misericordia, Cristo Jesús, buen samaritano, Espíritu de Amor que construye familia, Hospitalidad. Volvamos siempre al origen de nuestra vocación, a la esencia de nuestra persona.

Vive la Hospitalidad.

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Una Misión desde Cristo

Iniciamos el mes de Octubre, un mes misionero… el papa en su mensaje para este Domund nos dice:

<< Esta Jornada nos invita a reflexionar de nuevo sobre la misión en el corazón de la fe cristiana. De hecho, la Iglesia es misionera por naturaleza;…

La misión de la Iglesia está animada por una espiritualidad de éxodo continuo. Se trata de “salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio” (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 20). La misión de la Iglesia estimula una actitud de continua peregrinación a través de los diversos desiertos de la vida, a través de las diferentes experiencias de hambre y sed, de verdad y de justicia…

Los jóvenes son la esperanza de la misión. La persona de Jesús y la Buena Nueva proclamada por él siguen fascinando a muchos jóvenes. Ellos buscan caminos en los que poner en práctica el valor y los impulsos del corazón al servicio de la humanidad. “Son muchos los jóvenes que se solidarizan ante los males del mundo y se embarcan en diversas formas de militancia y voluntariado […]. ¡Qué bueno es que los jóvenes sean “callejeros de la fe”, felices de llevar a Jesucristo a cada esquina, a cada plaza, a cada rincón de la tierra!…>>

No hay misión pequeña si el Amor es grande…

Y la liturgia de este domingo nos regala estas bellas palabra del apóstol san Pablo: “Manteneos unánimes y concordes con un mismo amor y un mismo sentir. No obréis por rivalidad ni por ostentación, dejaos guiar por la humildad y considerad siempre superiores a los demás. No os encerréis en vuestros intereses, sino buscad todos el interés de los demás. Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús.”Flp.2

Tengamos los sentimientos de Cristo Jesús. Para realizar nuestra misión miremos a Cristo y aprendamos de sus actitudes, palabras, sentimientos. Por mucho que hagamos y trabajemos por el Reino, si no lo hacemos desde el amor al hermano, desde la humildad, de nada nos sirve. Por que los pequeños, los pobres son los predilectos del señor y Jesús nos pide que vivamos abiertos a las necesidades de los demás, que busquemos el interés, el bien de los hermanos.

Dios te ha regalado hermanos para que cuides de ellos…

Nuestra Misión; La Hospitalidad es ser reflejo, testigos de que cristo misericordioso, buen Samaritano, permanecer vivo en medio de nosotros.

Vivamos la Hospitalidad desde Cristo,  desde nuestro Si  de cada día.

 

Id también vosotros a mi viña

«El Reino de los Cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo: “Id también vosotros a mi viña, y os pagaré lo debido.” Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde e hizo lo mismo. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: “¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?” Le respondieron: “Nadie nos ha contratado.” Él les dijo: “Id también vosotros a mi viña.” Cuando oscureció, el dueño de la viña dijo al capataz: “Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros.” Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo: “Estos últimos han trabajado sólo una hora, y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno.” Él replicó a uno de ellos: “Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?” Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos.»  Mt 20,1-16.

Hoy volvemos a hablar de generosidad, de abundancia, en la lectura de Isaías escuchamos: “Mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos”

¿Qué podemos  descubrir en esta parábola? Quizás que no tenemos mucha idea de cómo es Dios. Lo que sabemos es porque nos lo ha revelado Jesús.  Y Jesús nos dice es que es un Padre, que nos quiere. Dios siempre nos sorprenderá con su amor.

La parábola quiere enseñar que este es el Dios de Jesús. Todo generosidad, amor, misericordia. Los obreros, que han llegado a última hora, no tienen mérito alguno, pero se les ha dado lo que sin duda necesitaban para su familia y para sus vidas. Es muy posible que no merecieran ese jornal, pero desde la bondad de Dios han recibido gratuitamente lo que necesitaban. Así es el Dios de Jesús, así es el Dios de la salvación, así es el Dios de «mis planes no son vuestros planes, mis caminos no son vuestros caminos». En el reino de Jesús los pobres, los pequeños, los vulnerables son los más importantes y nosotros no conocemos sus caminos, pero los últimos serán los primeros.  Cada uno estamos invitados a trabajar en su viña, cada uno mirado con amor y siempre con una paga generosa que puede colmar nuestro corazón.

Vive las Hospitalidad.

¡Setenta veces siete!

Hasta Setenta veces siete…

Nos habla de inmensidad, de exageración…

Se  nos dice que el perdón es sin límites y también generosidad, pues no debemos estar midiendo hasta donde…, ni a quien…, se nos pide darnos sin esperar nada a cambio. Vivir en el corazón de Dios que es bondad, generosidad, misericordia.

Me viene al recuerdo una historia que podemos encontrar en las redes:

“Una joven esperaba el embarque de su vuelo en un gran aeropuerto. Como tenía una larga espera ante sí, decidió comprarse un buen libro y también se compró un paquete de galletas. Se sentó lo más cómodamente que pudo y se puso tranquilamente a leer, dispuesta a pasar un buen rato de descanso. Al lado de su asiento donde se encontraba el paquete de galletas, un hombre abrió una revista y se puso a leer. Cuando ella cogió una galleta, el hombre también cogió una. Ella se sintió irritada por este comportamiento, pero no dijo nada, contentándose con pensar: “Qué cara dura”. Cada vez que cogía una galleta, el hombre hacía lo mismo. Ella se iba enfadando cada vez más, pero no quería hacer un espectáculo. Cuando solo quedaba una galleta pensó; ¿qué va a hacer ahora este imbécil? El hombre cogió la última galleta, la partió en dos y le dio la mitad. “Bueno, esto ya era demasiado…” ¡Estaba muy enfadada! En un arranque de genio, cogió su libro y sus cosas y salió disparada hacía la sala de embarque. Cuando se sentó en su asiento del avión, abrió su bolso y… con gran sorpresa descubrió su paquete de galletas intacto y cerrado.

¡Se sintió tan mal! No comprendía cómo se había podido equivocar… Había olvidado que guardó su paquete de galletas en su bolso. El hombre había compartido con ella sus galletas sin ningún problema, sin rencor, sin explicaciones de ningún tipo…mientras ella se había enfadado tanto, pensando que había tenido que compartir sus galletas con él… y ahora no tenía ninguna posibilidad de explicarse, ni de pedirle disculpas.

Hay cuatro cosas que no podremos recuperar nunca más:

Una piedra…después de haberla tirado.

Una palabra…después de haberla dicho.

Una ocasión… después de haberla perdido.

El tiempo…cuando ya ha pasado.”

Esto puede ilustrar la actitud de un cristiano, la generosidad es una clara manifestación de nobleza de espíritu y grandeza de corazón que pueda dar una persona. En nuestra sociedad donde crece el individualismo, el egoísmo y la competitividad, podemos decir que la generosidad nos hace más personas, nos libera del rencor, nos enseña a vivir reconciliados con nosotros mismo y por ello con los demás.

Porque Dios nos llama a un Amor de Máximos, es todo un proyecto, un horizonte que tira de nosotros hacia adelante .¿Estas dispuesto a realizarlo en tu Vida?

 

“Hasta setenta veces siete”

 

¿Exageración? …

No,      GENEROSIDAD

 

Vive la Hospitalidad

Seamos Sol

El Sol y el Viento:

Dice una historia que ” el sol y el viento discutían sobre cuál de dos era más fuerte. La discusión fue larga, porque ninguno de los dos quería ceder. Viendo que por el camino avanzaba un hombre, acordaron en probar sus fuerzas utilizándolas contra él.

Vas a ver, dijo el viento, como con sólo echarme sobre ese hombre, desgarro sus vestiduras.

Y comenzó a soplar cuanto podía. Pero cuantos más esfuerzos hacía, el hombre más oprimía su capa, gritando contra el viento, y seguía caminando. El viento encolerizado, descargó lluvia y nieve, pero el hombre no se detuvo, sino que se aferraba más a su capa. Comprendió el viento que no era posible arrancarle la capa.

Sonrió el Sol mostrándose entre dos nubes, recalentó la tierra y el pobre hombre, que se regocijaba con aquel dulce calor, se quitó la capa y se la puso sobre el hombro.

Ya ves, le dijo el Sol al Viento, como con bondad se consigue más que con violencia” (autor desconocido)

Con ternura, cercanía amor…podemos trasformar el mundo.

Somos invitados a pensar profundamente acerca de nuestras acciones. Muchas veces utilizamos la ironía, la agresividad y la burla para tratar de lograr nuestro objetivo; pero con esos métodos, es más difícil  alcanzarlos. Una sonrisa siempre puede lograr mucho más que el más fuerte de los gritos. Basta con ponerse  en el lugar de los demás para comprobarlo. ¿Qué prefieres, una sonrisa o un insulto? ¿una caricia o una bofetada? ¿una palabra tierna o una ironía?

Tratemos a nuestros hermanos de la misma manera en la que nos gustaría ser tratados. Así veremos que el mundo será mejor. Que la vida será mejor…

Construye Hospitalidad.

“No podéis imaginaros la alegría que causará en vuestro corazón… la práctica de la santa caridad hospitalaria, con las personas enfermas, acordándose que cada una de ellas, representa al vivo a Nuestro Señor Jesucristo y a su Madre María Santísima, y que Ellos reciben cuanto se hace por cada una de ellas, tanto más, cuanto mayor es su desgracia”  (cfr. C 660)

 

Desde El en Hospitalidad

Me sedujiste señor… y mi alama tiene ansia de ti, sed de conocerte, amarte y darte a conocer a mis Hermanos.  Hoy nos dices quien quiera seguirme que tome su Cruz… Si, seguirte conlleva tomar las cruces de nuestra vida y pero esa cruz es llevadera porque tú nos sostienes.  Me enseñas que la cruz no es un camino  para “conseguir” el cielo, sino Vida derramada por hacer verdad Tu sueño. Al comienzo de este nuevo curso, es bueno pedirle al Señor que nos siga dando la fuerza para continuar en este camino del amor. Que le de cuerda a nuestros relojes, que espabile nuestro corazón, que abra nuestros oídos… que nos enseñe a hacer el camino desde Él.

Convencidos de que el Señor sigue llamando a cada uno a una misión, a una vocación y a un estilo de vida, religiosas y laicos estamos llamados a realizar juntos la obra hospitalaria desde el compromiso, la entrega y la confianza en que el Señor nos alienta y acompaña. ¿Cuál es tu compromiso?

 Vive La Hospitalidad desde Él

Escuchadlo

“Este es mi hijo amado, escuchadlo”

Cuando seamos capaces de alejarnos del ruido, de pararnos a escuchar la palabra y también al hermano que camina a nuestro lado, podemos reconocer el papel que juega Jesús en nuestra vida.

Subir con El al Tabor es descubrir aquellas situaciones que Dios nos regala y donde comprobamos que El camina junto a nosotras.  Subir con El al Tabor nos hace ver, leer,  asombrarnos ante la huella de Dios en nuestra Historia.

Al subir con El al Tabor descubrimos nuestra mision, estamos llamadas a seguirlo en el servicio y entrega a las personas necesitadas.

Escuchar significa hacer su voluntad, contemplar su persona, poner en práctica sus consejos, tomar nuestra cruz y seguirlo.

“Servir y Amar”