Cuaresma, tiempo de Amar.

Iniciamos, con este miércoles de Ceniza, la Cuaresma, tiempo de conversión, de buscar, de ahondar. Tiempo de amar, de orar, de ayunar. Tiempo de dejarse hacer. Tiempo de cambiar el corazón. Tiempo de hacerse de nuevo.

El Papa Francisco nos dice en su mensaje “Invito especialmente a los miembros de la Iglesia a emprender con celo el camino de la Cuaresma, sostenidos por la limosna, el ayuno y la oración. Si en muchos corazones a veces da la impresión de que la caridad se ha apagado, en el corazón de Dios no se apaga. Él siempre nos da una nueva oportunidad para que podamos empezar a amar de nuevo.”

Por ello se nos invita cuidar nuestra relación con Dios, mirarlo con más intensidad en este tiempo, (oración) pero también mirarnos a nosotros mismos, cuidar nuestro corazón, descubrir aquello que nos acerca a Dios y nos llena de su alegría, (ayuno). Eso sí, sin olvidar mirar a nuestro hermano, ser conscientes del que camina a nuestro lado y de que puedo hacer para hacerme más prójimo del otro, (limosna). Tres apoyos en nuestro camino de cuaresma.

“Ayunar de amor propio, esto cada día, condimentado con la paciencia y la abnegación que forman muy buena salsa.”  San Benito Menni. (c.725)

 

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Alegría, oración y gratitud nos preparan a la Navidad

Hemos encendido nuestra tercera vela que hoy representa la alegría que dará al mundo la venida de Cristo, Alegría, oración y gratitud nos preparan a la Navidad

El Papa Francisco en el Ángelus de hoy nos decía:

“San Pablo nos invita a preparar la venida del Señor asumiendo tres actitudes: la alegría constante, la oración perseverante y la acción de gracias continua».

No podemos olvidar que la certeza de nuestra alegría es Jesús, en esta primera actitud, el Apóstol exhorta a estar siempre alegres, aun cuando las cosas no marchan como quisiéramos,  pero está esa alegría profunda, que es la paz, señaló el Papa, recordando que las angustias, las dificultades y los sufrimientos atraviesan la vida de cada uno. Y que muchas veces la realidad que nos rodea parece árida como la del desierto en el que resonaba la voz de Juan Bautista, como recuerda el Evangelio. Pero las palabras del Bautista nos revelan la certeza de nuestra alegría:

“Se trata de Jesús, el enviado por el Padre que viene, como subraya Isaías, a dar la buena noticia a los que sufren, para vendar los corazones desgarrados, para proclamar la amnistía a los cautivos, y a los prisioneros la libertad, para proclamar el año de gracia del Señor”

La alegría del cristiano, mana de la fe y del encuentro con Jesucristo, razón de nuestra felicidad. Y cuanto más arraigados estamos en Cristo, cuanto más cerca de Jesús estamos, más encontramos serenidad interior, aun en medio de las contradicciones cotidianas. Por ello el cristiano, habiendo encontrado a Jesús, no puede ser profeta de desventuras, sino testigo y heraldo de alegría. Una alegría que hay que compartir con los demás; una alegría contagiosa que hace menos fatigoso el camino de la vida”

En nuestra vida Hospitalaria estamos llamados a manifestar alegría en nuestra vida, manifestar en el mundo del sufrimiento psíquico, la buena noticia de Jesús que viene y trae salvación, paz, justicia, alegría.

 

No neguemos nada a Jesús y entonces la Alegría inundara nuestro corazón.”  (San Benito Menni.c 144.)

 

 

 

Preparar el corazón.

Deseo que preparéis vuestros corazones para recibir al Divino Niño con humildad y santo desprendimiento de todo lo criado(…) anhelando ser cada vez más fieles Esposas del Divino Niño siguiendo sus pisadas y descansando en su Bondad y Misericordia para que vayáis uniéndoos a Él cada día más.  C. 518

¡ADVIENTO! ¡TE ESPERÁBAMOS! Deseamos  esperanza Ayúdanos a ser camino por el que venga Jesús Ayúdanos para allanar y acondicionar caminos

Al que prepara el camino al Mesías, Juan el Bautista, le toca barrer los caminos, quitar obstáculos, limpiar, arreglar la senda para que se pueda transitar sin dificultad. Vayamos detrás de él con nuestra vela, intentemos prender luz de la llama de su profunda fe. ¡Pongámonos en camino, con ánimo, incansablemente! Merece la pena el esfuerzo. No podemos quedarnos parados. Con el Bautista aprendemos a nos ser protagonistas sino servidores, gente que señala dónde está Belén, dónde está el misterio del Dios que se encarna y se hace pobre para compartir nuestra vida. La esperanza del Adviento nos impulsa. ¡Adelante!

¡Ven Señor Jesús¡

Estas con nosotros

“Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo».”  (Mateo 28,19-20)

Jesús como siempre nos sorprende, se marcha pero se queda, ausencia y presencia. ¿Dónde lo encontramos hoy? Jesús está presente en nosotros, aunque muchas veces nos cueste descubrir sus huellas. La celebración de la Ascensión, es una fiesta que nos habla de esperanza. Jesús no nos ha abandonado, permanece con nosotros, está en nosotros. De un modo especial permanece en la Palabra y en la comunidad reunida. Para los que vivimos la Hospitalidad, El permanece en el que sufre, en el hermano que esta caído en el camino.

El día de la Ascensión nos desafía y empuja a hacer con nuestra vida que su presencia invisible, se haga vivible a todos los hombres.

 

El está presente a nuestro lado, está presente al lado de cada 
hermano que sufre, por ello:

Gastaré mi voz en gritar las injusticias

dejaré que tu amor cicatrice mis heridas

tenderé mis manos para ayudar a cruzar líneas

que nos hacen inhumanos, que separan y marginan


Porque sé que estarás con nosotros cada día…


Abriremos las puertas para que soplen los vientos

y ventilen nuestras casas y se lleven nuestros miedos

y pondremos la confianza en lo sencillo, en lo pequeño

que nos salva, nos completa y nos hace tocar lo eterno


Porque sé que estarás con nosotros cada día…

                                        Canción de Salome Arricibita.


https://www.youtube.com/watch?v=u-Lq2NrwyXY

Vayamos a anunciar: el Señor está Vivo.

Hoy es un día de fiesta y alegría. ¡El Señor ha resucitado! Y desde la Hospitalidad somos invitados a ser anuncio de que Cristo Vive.

El Papa Francisco en su homilía de la vigilia pascual nos dice:

“Dios irrumpe para trastocar todos los criterios y ofrecer así una nueva posibilidad. Dios, una vez más, sale a nuestro encuentro para establecer y consolidar un nuevo tiempo, el tiempo de la misericordia. Esta es la promesa reservada desde siempre, esta es la sorpresa de Dios para su pueblo fiel: alégrate porque tu vida esconde un germen de resurrección, una oferta de vida esperando despertar

Y eso es lo que esta noche nos invita a anunciar: el latir del Resucitado, Cristo Vive. Y eso cambió el paso de María Magdalena y la otra María, eso es lo que las hace alejarse rápidamente y correr a dar la noticia. Eso es lo que las hace volver sobre sus pasos y sobre sus miradas. Vuelven a la ciudad a encontrarse con los otros.

Así como ingresamos con ellas al sepulcro, los invito a que vayamos con ellas, que volvamos a la ciudad, que volvamos sobre nuestros pasos, sobre nuestras miradas. Vayamos con ellas a anunciar la noticia, vayamos… a todos esos lugares donde parece que el sepulcro ha tenido la última palabra, y donde parece que la muerte ha sido la única solución. Vayamos a anunciar, a compartir, a descubrir que es cierto: el Señor está Vivo. Vivo y queriendo resucitar en tantos rostros que han sepultado la esperanza, que han sepultado los sueños, que han sepultado la dignidad. Y si no somos capaces de dejar que el Espíritu nos conduzca por este camino, entonces no somos cristianos.

Vayamos y dejémonos sorprender por este amanecer diferente, dejémonos sorprender por la novedad que sólo Cristo puede dar. Dejemos que su ternura y amor nos muevan el suelo, dejemos que su latir transforme nuestro débil palpitar.”

Si dejémonos sorprender por el Resucitado, cambiemos nuestras miradas y en nuestra Galilea  busquémoslo en nuestros hermanos, porque Él está vivo, y camina a nuestro lado.

¡Que se note en nuestra vida que CRISTO VIVE DENTRO DE NOSOTROS!

¡MIRAD, ÉL VIVE HOY, ANÚNCIALO!

 

HACED VOSOTROS LO MISMO

En la última cena, Jesús lava los pies a sus discípulos… Ellos no lo entienden, pero Él sabe que se está despidiendo… Por su cabeza pasan todos los momentos compartidos… los buenos y los malos momentos las dudas, los cansancios, la soledad…

Los eligió uno a uno. Los llamó por su nombre… Les invitó a compartir el camino, los sueños,  las dudas, la fiesta, la vida… Él les dio todo lo que tenía, a él mismo.., y a su Padre. Ellos serían su familia, sus enviados, sus mensajeros, su luz… Ya no tiene más oportunidades. Tiene que decirles de un modo muy claro qué es lo más importante. Y lo hace con un gesto…

Se quita el manto, no es necesario, para servir sobra todo lo superfluo.

Se pone de rodillas, en el suelo, a los pies de Pedro, o de Juan, o de Mateo, o de ti… Toma en las manos sus pies.., sin prisas, con delicadeza, con cariño,,,

¡Qué bien escogió el gesto! No lavó la cabeza, ni las manos. Fueron los pies… Sí, mis pies. No es la parte de mi cuerpo de la que estoy más orgulloso, pero realmente es importante: ellos me unen al suelo, a la tierra, a la vida; ellos notan el cansancio y reciben las heridas del camino…

Esos pies, con su cansancio, sus heridas y sus tropiezos, son el centro de atención de Jesús… Inclina su espalda.., centra su mirada,., acoge con sus manos.., toda su persona está centrada en ese gesto, en mis pies, en mi vida… Toma el cántaro del agua y, con ternura, me lava los pies, me quita la suciedad del camino, alivia mi cansancio Le estoy oyendo en mi interior: ¡te quiero!

Una vez que terminó de lavarles los pies, se puso de nuevo el manto, volvió a sentar se a la mesa, y les preguntó: ¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis Maestro y Señor, y tenéis razón, porque lo soy. Pues si yo, vuestro Maestro y Señor, os he lavado los pies, lo mismo debéis hacer vosotros unos con otros.

HACED VOSOTROS LO MISMO

Nos invita a seguir sus huellas… Ya no es Jesús quien lava los pies. Él es el lavado… Resuena su voz:

Os aseguro que todo lo que hagáis en favor del más humilde de mis hermanos, a mí me lo hacéis… (Mt 25)

¡Cuántos rostros! ¡Cuántos pies heridos! ¡Cuántas vidas cansadas y necesitadas!… Todos ellos están ahí, sentados y con los pies tendidos… Ellos también tienen nombre.  Cada uno tiene su historia… ¡Cuánto se parecen sus rasgos a los de Jesús! Está en todos ellos, en sus miradas, en sus palabras, en sus tropiezos…

Acoger, acoger muchos pies, muchos rostros… y todos ellos, con los rasgos de Jesús…

Y tú ¿a quién acoges?…

Nuestra Gran Semana

Hemos iniciado la semana grande para los cristianos. Revivimos, recordando agradecidamente, la expresión máxima del amor de Dios, en la fidelidad y entrega, por amor, de Jesús.

En estos días, de nuevo se nos recuerda algo fundamental: el amor de dios es gratuito, personal y para siempre… por mí, por cada hombre, por todos, sin excepción…

Que nada nos impida vivir en esta verdad, que es el fundamento de nuestra historia, de nuestro vivir, y que nos capacita para la entrega, día a día, sabiéndonos siempre amados, acompañados.