Tinidad Amor

La Santísima Trinidad no es el producto de razonamientos humanos, es el rostro con el que Dios se ha revelado a sí mismo, no desde lo alto de un trono, sino caminando con la humanidad. Es Jesús quien nos ha revelado al Padre y quien nos ha prometido el Espíritu Santo.

Dios se nos ha manifestado como Padre, Hijo y Espíritu Santo. Y más allá de que lo podamos comprender o de nuestras ideas, es con el corazón que entendemos y podemos experimentar que Dios es amor. Es amor entre el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo. Y es amor para cada uno de nosotros. Dios es amor y no puede hacer otra cosa que amar. No hay otra forma de entenderlo más que amando.

Amando a los hermanos que Dios ha puesto en nuestro camino, al cercano y lejano, al caído en el camino y también al que nos mira con indiferencia.

Vivir la Hospitalidad es acoger sin distinción, es Amar.

Acompañar la fe, Escuchar la vida, Practicar la Hospitalidad

 

Debéis ser Templo Sagrado en donde mora el Señor. Pensadlo bien y estremeceos profundamente, pues Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Santo, quieren morar en vuestros corazones, día y noche.

San Benito Menni. (c.493)

 

 

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Sopla tu Espiritu.

Sopla Tu Espíritu, Señor, abre nuestros corazones.

El paso del Espíritu por la vida de los discípulos tuvo consecuencias inmediatas, habían estado encerrados, llenos de miedos y dudas. Ahora abren las puertas y las ventanas.

El Espíritu, hace que los creyentes salgan al mundo, entren en diálogo y lleven a todos la buena nueva de la salvación. El Espíritu actúa en todos los miembros de la comunidad, les hace confesar sin miedo su fe. El Espíritu sigue llegando a nuestros corazones, nos hace una sola familia y nos da la misión de seguir anunciando en el mundo la buena nueva del Evangelio. El anuncio de que Dios nos ama como hijos.

Hoy somos buena noticia, somos enviadas a Practicar la Hospitalidad.

Ven, Espíritu divino,
 manda tu luz desde el cielo.
 Padre amoroso del pobre;
 don, en tus dones espléndido;
 luz que penetra las almas;
 fuente del mayor consuelo.
Ven, dulce huésped del alma,
 descanso de nuestro esfuerzo,
 tregua en el duro trabajo,
 brisa en las horas de fuego,
 gozo que enjuga las lágrimas
 y reconforta en los duelos.
Entra hasta el fondo del alma,
 divina luz, y enriquécenos.
 Mira el vacío del hombre,
 si tú le faltas por dentro;
 mira el poder del pecado,
 cuando no envías tu aliento.
Riega la tierra en sequía,
 sana el corazón enfermo,
 lava las manchas, infunde
 calor de vida en el hielo,
 doma el espíritu indómito,
 guía al que tuerce el sendero.
Reparte tus siete dones,
 según la fe de tus siervos;
 por tu bondad y gracia,
 dale al esfuerzo su mérito;
 salva al que busca salvarse
 y danos tu gozo eterno. Amén

 

Pascua del Enfermo

Nos unimos hoy a toda la Iglesia para celebrar este domingo, el 6º Domingo de Pascua, donde se celebra la Pascua del enfermo. Rezamos por todas las personas que residen o están ingresadas en nuestros centros para que el Señor les de la fuerza en estos momentos de enfermedad y encuentren a su lado a personas que la acompañen y sostengan.

En el mensaje de los obispos para la “Pascua del enfermo-2018” podemos leer:

“Nos parece importante llamar la atención sobre algunas situaciones particularmente difíciles, como son enfermedades de larga duración, personas con problemas de salud mental o con importante deterioro cognitivo, o personas con una particular dependencia. Ciertamente, deberemos atender de modo distinto estas diversas situaciones.

No es igual cuidar durante un tiempo breve a un enfermo o hacerlo un tiempo prolongado, o que los cuidados requieran un mayor o menor esfuerzo con el consiguiente cansancio.

Acompañar a quien cuida un miembro de la familia con problemas de salud mental necesita una mayor carga de paciencia y comprensión. Entre otras razones porque sigue pesando un especial estigma sobre las personas con enfermedad mental. No podemos perder de vista que son personas especialmente vulnerables y el desgaste de la familia que les cuida es más profundo.

No queremos dejar de agradecer a tantas personas que, sin ser familia de sangre, cuidan de los enfermos y, en cuanto cuidadores, también deben ser objeto de nuestra atención y acompañamiento. Pensemos en tantos profesionales sanitarios, en los voluntarios en parroquias y centros hospitalarios, o en tantos otros agentes que trabajan en la Pastoral de la salud y se convierten también en familia del enfermo.

En la Iglesia somos conscientes del tesoro que son cada uno de los enfermos y quienes les cuidan. “Vuestro silencioso testimonio es un signo eficaz e instrumento de evangelización para las personas que os atienden y para vuestras familias, en la certeza de que ninguna lágrima, ni de quien sufre ni de quien está a su lado, se pierde delante de Dios

Vosotros sois los hermanos de Cristo paciente, y con El, si queréis, salváis al mundo”

 

VIVID Y PRACTICAD LA HOSPITALIDAD

¿De dónde hemos merecido nosotros la gracia de que se digne el Señor emplearnos en su servicio (de los enfermos) y en alivio de sus vivas imágenes?.

San Benito Menni (Carta nº 406)

 

ORACIÓN
Nos has bendecido, Señor,
con el don de la fe que sana y salva y,
en la que todo encuentra sentido.
Señor,
en momentos de duda y desconcierto,
cuando se imponen el dolor y el miedo
o domina el sufrimiento: aumenta nuestra fe,
para descubrir tu amor entrañable,
tu misericordia que sana las heridas,
tu voluntad de conducirnos a la plenitud.
Señor,
que en cada acontecimiento de la vida,
en la salud o en la enfermedad,
en la alegría o en el llanto,
pasemos haciendo el bien,
siendo testigos de tu amor que salva.
Amén