Estas con nosotros

“Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo».”  (Mateo 28,19-20)

Jesús como siempre nos sorprende, se marcha pero se queda, ausencia y presencia. ¿Dónde lo encontramos hoy? Jesús está presente en nosotros, aunque muchas veces nos cueste descubrir sus huellas. La celebración de la Ascensión, es una fiesta que nos habla de esperanza. Jesús no nos ha abandonado, permanece con nosotros, está en nosotros. De un modo especial permanece en la Palabra y en la comunidad reunida. Para los que vivimos la Hospitalidad, El permanece en el que sufre, en el hermano que esta caído en el camino.

El día de la Ascensión nos desafía y empuja a hacer con nuestra vida que su presencia invisible, se haga vivible a todos los hombres.

 

El está presente a nuestro lado, está presente al lado de cada 
hermano que sufre, por ello:

Gastaré mi voz en gritar las injusticias

dejaré que tu amor cicatrice mis heridas

tenderé mis manos para ayudar a cruzar líneas

que nos hacen inhumanos, que separan y marginan


Porque sé que estarás con nosotros cada día…


Abriremos las puertas para que soplen los vientos

y ventilen nuestras casas y se lleven nuestros miedos

y pondremos la confianza en lo sencillo, en lo pequeño

que nos salva, nos completa y nos hace tocar lo eterno


Porque sé que estarás con nosotros cada día…

                                        Canción de Salome Arricibita.


https://www.youtube.com/watch?v=u-Lq2NrwyXY

Vayamos a anunciar: el Señor está Vivo.

Hoy es un día de fiesta y alegría. ¡El Señor ha resucitado! Y desde la Hospitalidad somos invitados a ser anuncio de que Cristo Vive.

El Papa Francisco en su homilía de la vigilia pascual nos dice:

“Dios irrumpe para trastocar todos los criterios y ofrecer así una nueva posibilidad. Dios, una vez más, sale a nuestro encuentro para establecer y consolidar un nuevo tiempo, el tiempo de la misericordia. Esta es la promesa reservada desde siempre, esta es la sorpresa de Dios para su pueblo fiel: alégrate porque tu vida esconde un germen de resurrección, una oferta de vida esperando despertar

Y eso es lo que esta noche nos invita a anunciar: el latir del Resucitado, Cristo Vive. Y eso cambió el paso de María Magdalena y la otra María, eso es lo que las hace alejarse rápidamente y correr a dar la noticia. Eso es lo que las hace volver sobre sus pasos y sobre sus miradas. Vuelven a la ciudad a encontrarse con los otros.

Así como ingresamos con ellas al sepulcro, los invito a que vayamos con ellas, que volvamos a la ciudad, que volvamos sobre nuestros pasos, sobre nuestras miradas. Vayamos con ellas a anunciar la noticia, vayamos… a todos esos lugares donde parece que el sepulcro ha tenido la última palabra, y donde parece que la muerte ha sido la única solución. Vayamos a anunciar, a compartir, a descubrir que es cierto: el Señor está Vivo. Vivo y queriendo resucitar en tantos rostros que han sepultado la esperanza, que han sepultado los sueños, que han sepultado la dignidad. Y si no somos capaces de dejar que el Espíritu nos conduzca por este camino, entonces no somos cristianos.

Vayamos y dejémonos sorprender por este amanecer diferente, dejémonos sorprender por la novedad que sólo Cristo puede dar. Dejemos que su ternura y amor nos muevan el suelo, dejemos que su latir transforme nuestro débil palpitar.”

Si dejémonos sorprender por el Resucitado, cambiemos nuestras miradas y en nuestra Galilea  busquémoslo en nuestros hermanos, porque Él está vivo, y camina a nuestro lado.

¡Que se note en nuestra vida que CRISTO VIVE DENTRO DE NOSOTROS!

¡MIRAD, ÉL VIVE HOY, ANÚNCIALO!

 

HACED VOSOTROS LO MISMO

En la última cena, Jesús lava los pies a sus discípulos… Ellos no lo entienden, pero Él sabe que se está despidiendo… Por su cabeza pasan todos los momentos compartidos… los buenos y los malos momentos las dudas, los cansancios, la soledad…

Los eligió uno a uno. Los llamó por su nombre… Les invitó a compartir el camino, los sueños,  las dudas, la fiesta, la vida… Él les dio todo lo que tenía, a él mismo.., y a su Padre. Ellos serían su familia, sus enviados, sus mensajeros, su luz… Ya no tiene más oportunidades. Tiene que decirles de un modo muy claro qué es lo más importante. Y lo hace con un gesto…

Se quita el manto, no es necesario, para servir sobra todo lo superfluo.

Se pone de rodillas, en el suelo, a los pies de Pedro, o de Juan, o de Mateo, o de ti… Toma en las manos sus pies.., sin prisas, con delicadeza, con cariño,,,

¡Qué bien escogió el gesto! No lavó la cabeza, ni las manos. Fueron los pies… Sí, mis pies. No es la parte de mi cuerpo de la que estoy más orgulloso, pero realmente es importante: ellos me unen al suelo, a la tierra, a la vida; ellos notan el cansancio y reciben las heridas del camino…

Esos pies, con su cansancio, sus heridas y sus tropiezos, son el centro de atención de Jesús… Inclina su espalda.., centra su mirada,., acoge con sus manos.., toda su persona está centrada en ese gesto, en mis pies, en mi vida… Toma el cántaro del agua y, con ternura, me lava los pies, me quita la suciedad del camino, alivia mi cansancio Le estoy oyendo en mi interior: ¡te quiero!

Una vez que terminó de lavarles los pies, se puso de nuevo el manto, volvió a sentar se a la mesa, y les preguntó: ¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis Maestro y Señor, y tenéis razón, porque lo soy. Pues si yo, vuestro Maestro y Señor, os he lavado los pies, lo mismo debéis hacer vosotros unos con otros.

HACED VOSOTROS LO MISMO

Nos invita a seguir sus huellas… Ya no es Jesús quien lava los pies. Él es el lavado… Resuena su voz:

Os aseguro que todo lo que hagáis en favor del más humilde de mis hermanos, a mí me lo hacéis… (Mt 25)

¡Cuántos rostros! ¡Cuántos pies heridos! ¡Cuántas vidas cansadas y necesitadas!… Todos ellos están ahí, sentados y con los pies tendidos… Ellos también tienen nombre.  Cada uno tiene su historia… ¡Cuánto se parecen sus rasgos a los de Jesús! Está en todos ellos, en sus miradas, en sus palabras, en sus tropiezos…

Acoger, acoger muchos pies, muchos rostros… y todos ellos, con los rasgos de Jesús…

Y tú ¿a quién acoges?…

Nuestra Gran Semana

Hemos iniciado la semana grande para los cristianos. Revivimos, recordando agradecidamente, la expresión máxima del amor de Dios, en la fidelidad y entrega, por amor, de Jesús.

En estos días, de nuevo se nos recuerda algo fundamental: el amor de dios es gratuito, personal y para siempre… por mí, por cada hombre, por todos, sin excepción…

Que nada nos impida vivir en esta verdad, que es el fundamento de nuestra historia, de nuestro vivir, y que nos capacita para la entrega, día a día, sabiéndonos siempre amados, acompañados.

 

 

Haznos Transparencia

¡Qué bien se está aquí! hagamos tres tiendas…

En nuestra vida, muchas veces nos quedamos en los momentos bonitos que nos muestra el Evangelio: en el encuentro, en el amor; como los discípulos, aquello que nos suena exigente, aquello que lleva cruz, se nos puede hacer cuesta arriba y tenemos la tentación de quedarnos en el Tabor.

Pero Jesús nos revela el plan del Padre sobre cada uno de nosotros. En el estamos llamados a transfigurarnos y ser también nosotros trasparencia de Dios. Ser trasparencia desde nuestras actitudes de bondad, compasión, ternura; serlo desde la Hospitalidad que nos define.

Hoy la palabra de Dios nos invita a preguntarnos si nuestra vida manifiesta el amor de Dios que hemos recibido. Si estamos dispuestos a escuchar su Voz.

La Cuaresma es una llamada a salir de nosotros, de nuestras casas, de nuestros prejuicios, de nuestros intereses, gustos y comodidades… la Cuaresma es tiempo para afrontar la realidad personal  y dejarse cuestionar por la Palabra de Dios… la cuaresma es una llamada para escuchar la presencia de Dios en nuestras realidades y una invitación a ser transparencia de Dios para nuestros hermanos.

Bajemos del Tabor de nuestras comodidades y seamos transparencia de su Amor. Vivamos cada día la Hospitalidad.

https://www.youtube.com/watch?v=-T3JIGkO93w

¡Convertíos! Está cerca el Reino de los cielos

advito-2-blog-1En este tiempo de Adviento, tiempo espera, nos encontramos con el grito de Juan. “Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos”. Esta llamada nos invita a comprender que nuestra  esperanza no se identifica con quedarnos tranquilos, sentarnos a esperar, pensar que ya estamos salvados. Esta espera es una búsqueda continua de la misericordia de Dios, es conversión de corazón, es búsqueda de la presencia del Señor que viene, que ya está. El tiempo de Adviento, es “conversión que pasa del corazón a las obras y, consiguientemente, a la vida entera del cristiano” (San Juan Pablo II).

Aprovechemos, este tiempo para renovar nuestra opción por Jesucristo. La voz del Bautista sigue resonando en nuestros caminos: “Una voz grita en el desierto: “Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos.” (Mt 3,3).

Escuchemos la voz que llevamos en nuestro interior, esperando que comprendamos lo que es el Adviento. Salgamos a las plazas, los caminos… al desierto, allí podremos sentir la brisa del Reino, que sopla con fuerza y nos invita a cambiar la mirada, a convertirnos.

“El Adviento es un tiempo para preparar nuestros corazones a acoger a Cristo Salvador, nuestra esperanza.” (Papa Francisco)

Un Cristo Salvador que “No juzgará por apariencias ni sentenciará sólo de oídas; juzgará a los pobres con justicia, con rectitud a los desamparados.” (Is. 11)

Que en sus días florezca la justicia, y la paz abunde eternamente. Él librará al pobre que clamaba, al afligido que no tenía protector; él se apiadará del pobre y del indigente, y salvará la vida de los pobres. (Sal.71)

Para los que queremos vivir la Hospitalidad, la conversión que se nos pide es una mirada, desde lo profundo, hacia el hermano que tengo a mi lado. No juzgar por apariencias, sino viendo a la persona. El salvara la vida de los pobres, aquellos en lo que hoy está viniendo.

Porque el reino de los cielos está cerca. Mira a tu lado y lo descubrirás.adviento-blog2

“Más vale exceder en Misericordia que en Justicia”

(San Benito Menni. c. 797)

 

Ven Señor Jesús. Te esperamos

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Vigilad. Vivid despiertos.

Tened los ojos abiertos.

Hemos de despertar y abrir bien los ojos. Vivir vigilantes para mirar más allá de nuestras preocupaciones.

Con Nuestra vida Consagrada Manifestamos el amor que Dios tiene a todos los Hombres, somos mensaje de esperanza y testimoniamos que el mundo puede ser transformado con el espíritu de las bienaventuranzas.( cfr. Constituciones 13)

Por ello La esperanza de la Hermana Hospitalaria es una actitud despierta que no olvida a los que sufren. El corazón de la hospitalaria está atento a quienes sufren enfermedad o viven abandonados.

En la comunidad hospitalaria hemos de cuidar que nuestro modo de vivir la esperanza nos lleve a tener los oídos atentos a la voz del Señor que pasa, que está viniendo en los pobres y en los que mueren de hambre y soledad. La esperanza Hospitalaria nos empuja al compromiso con los necesitados.

…y te vimos hambriento y sediento, extranjero y desnudo, enfermo… y te asistimos.

Ven Señor.

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