Una pequeña semilla

Hoy el Evangelio nos trae a la memoria dos parábolas de Jesús. El Reino se parece a la semilla que siembra el campesino y que luego crece sin que nadie sepa cómo en la oscuridad de la tierra. Pero crece y termina dando su fruto. La otra dice que el Reino se parece a la semilla de mostaza, la más pequeña de las semillas, pero que luego se hace tan grande que hasta los pájaros del cielo se cobijan en la planta que sale de aquella semilla.

Confianza en que el Señor lleva nuestra vida, ha puesto la semilla de su palabra en nuestro corazón y sin darnos cuenta va creciendo y moviendo nuestro corazón hacia Él, así mismo  conciencia que en la pequeñez y sencillez crece el reino de Dios.

Para practicar la Hospitalidad hay que hacer cosas pequeñas, aquellas que están a nuestro alcance cada día:

– una sonrisa a los que conviven conmigo,

– una palabra de aliento al que está decepcionado o triste,

– echar una mano al que marcha agobiado para aliviarle el peso que lleva sobre sus hombros

– unos pasos de cercanía hacia el que está distante y le cuesta acercarse,

– una felicitación a aquel que ha triunfado en su trabajo,

– un rato de compañía al enfermo o anciano que vive en soledad,

– un silencio de empatía con el que sufre,

– una palabra de aliento al que está cansado, sin fuerzas…

– ….

¡Cuántas cosas pequeñas podemos y debemos realizar hoy, ahora, cada día!

Y así sin darnos cuenta el Reino de Dios ira creciendo…

Practicad la Hospitalidad

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Tinidad Amor

La Santísima Trinidad no es el producto de razonamientos humanos, es el rostro con el que Dios se ha revelado a sí mismo, no desde lo alto de un trono, sino caminando con la humanidad. Es Jesús quien nos ha revelado al Padre y quien nos ha prometido el Espíritu Santo.

Dios se nos ha manifestado como Padre, Hijo y Espíritu Santo. Y más allá de que lo podamos comprender o de nuestras ideas, es con el corazón que entendemos y podemos experimentar que Dios es amor. Es amor entre el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo. Y es amor para cada uno de nosotros. Dios es amor y no puede hacer otra cosa que amar. No hay otra forma de entenderlo más que amando.

Amando a los hermanos que Dios ha puesto en nuestro camino, al cercano y lejano, al caído en el camino y también al que nos mira con indiferencia.

Vivir la Hospitalidad es acoger sin distinción, es Amar.

Acompañar la fe, Escuchar la vida, Practicar la Hospitalidad

 

Debéis ser Templo Sagrado en donde mora el Señor. Pensadlo bien y estremeceos profundamente, pues Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Santo, quieren morar en vuestros corazones, día y noche.

San Benito Menni. (c.493)

 

 

Sopla tu Espiritu.

Sopla Tu Espíritu, Señor, abre nuestros corazones.

El paso del Espíritu por la vida de los discípulos tuvo consecuencias inmediatas, habían estado encerrados, llenos de miedos y dudas. Ahora abren las puertas y las ventanas.

El Espíritu, hace que los creyentes salgan al mundo, entren en diálogo y lleven a todos la buena nueva de la salvación. El Espíritu actúa en todos los miembros de la comunidad, les hace confesar sin miedo su fe. El Espíritu sigue llegando a nuestros corazones, nos hace una sola familia y nos da la misión de seguir anunciando en el mundo la buena nueva del Evangelio. El anuncio de que Dios nos ama como hijos.

Hoy somos buena noticia, somos enviadas a Practicar la Hospitalidad.

Ven, Espíritu divino,
 manda tu luz desde el cielo.
 Padre amoroso del pobre;
 don, en tus dones espléndido;
 luz que penetra las almas;
 fuente del mayor consuelo.
Ven, dulce huésped del alma,
 descanso de nuestro esfuerzo,
 tregua en el duro trabajo,
 brisa en las horas de fuego,
 gozo que enjuga las lágrimas
 y reconforta en los duelos.
Entra hasta el fondo del alma,
 divina luz, y enriquécenos.
 Mira el vacío del hombre,
 si tú le faltas por dentro;
 mira el poder del pecado,
 cuando no envías tu aliento.
Riega la tierra en sequía,
 sana el corazón enfermo,
 lava las manchas, infunde
 calor de vida en el hielo,
 doma el espíritu indómito,
 guía al que tuerce el sendero.
Reparte tus siete dones,
 según la fe de tus siervos;
 por tu bondad y gracia,
 dale al esfuerzo su mérito;
 salva al que busca salvarse
 y danos tu gozo eterno. Amén

 

San Benito Menni

Hoy, 24 de Abril celebramos la fiesta de San Benito Menni, nuestro fundador, profeta de hospitalidad y motor que continúa animando nuestro SER y VIVIR desde la HOSPITALIDAD.

San Benito Menni es una invitación viva a que nos demos a los demás, especialmente a los más pobres. En sus palabras acogemos esta invitación: “Gastemos nuestra vida trabajando por los más pobres, que cuanto más lo son, representan más al Señor”.

 

Su legado nos evoca a llegar a los espacios y personas donde otros no llegan, siendo testigos entusiasmados de la Buena Noticia,  para recrear el carisma de la Hospitalidad.

Acojamos esta llamada a transformas el mundo herido desde el calor del corazón que acoge, acompaña Que seamos siempre testigos de este amor misericordioso de Dios a todas las personas que sufren, al estilo de San Benito, y hagamos de la Hospitalidad nuestra seña de identidad

Hoy la presencia de San Benito llena nuestro corazón  Que san Benito nos contagie un poco de ese amor ardiente al hermano en el servicio hospitalario.

Que el Señor siga llamando a muchas jóvenes para la vida religiosa hospitalaria y que todos juntos, hermanas y laicos, sigamos recreando el carisma de la Hospitalidad.
Unidos en la alegría y la celebración.

¡FELIZ DÍA PARA TODOS!

 

“Servir y amar a Jesús

y trabajar por estar en íntima unión con El,

a fin de sacar de ese abismo de bondad y misericordia

todos los tesoros de gracias de que tenemos necesidad”

(c443)

Cuaresma, tiempo de Amar.

Iniciamos, con este miércoles de Ceniza, la Cuaresma, tiempo de conversión, de buscar, de ahondar. Tiempo de amar, de orar, de ayunar. Tiempo de dejarse hacer. Tiempo de cambiar el corazón. Tiempo de hacerse de nuevo.

El Papa Francisco nos dice en su mensaje “Invito especialmente a los miembros de la Iglesia a emprender con celo el camino de la Cuaresma, sostenidos por la limosna, el ayuno y la oración. Si en muchos corazones a veces da la impresión de que la caridad se ha apagado, en el corazón de Dios no se apaga. Él siempre nos da una nueva oportunidad para que podamos empezar a amar de nuevo.”

Por ello se nos invita cuidar nuestra relación con Dios, mirarlo con más intensidad en este tiempo, (oración) pero también mirarnos a nosotros mismos, cuidar nuestro corazón, descubrir aquello que nos acerca a Dios y nos llena de su alegría, (ayuno). Eso sí, sin olvidar mirar a nuestro hermano, ser conscientes del que camina a nuestro lado y de que puedo hacer para hacerme más prójimo del otro, (limosna). Tres apoyos en nuestro camino de cuaresma.

“Ayunar de amor propio, esto cada día, condimentado con la paciencia y la abnegación que forman muy buena salsa.”  San Benito Menni. (c.725)