Corazón de Jesús

Hoy, viernes 23 de Junio, celebramos la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús. Para las Hermanas Hospitalarias hoy es un día importante, porque nuestra congregación nació del Corazón de Jesús. Nuestra espiritualidad se desarrolla en torno a ese Divino Corazón.

Corazón abierto, misericordiosos, donde encontramos descanso y fuerza para acoger y amar con los mismos sentimientos de Cristo. Objetivo de toda espiritualidad cristiana: la configuración progresiva con Cristo, sostenida e impulsada por el Espíritu.

Ojalá que sepamos contemplar a Cristo y descubrir en Él las actitudes que estamos llamados a encarnar en nuestra entrega a la misión hospitalaria. Todos los que formamos la familia Hospitalaria, religiosas y laicos estamos llamados a descubrirlo y seguirlo en nuestro servicio diario.

“Mis amadas hijas en el Señor, pequeñas y grandes; pues para mí todas sois grandes si sois pequeñas, o sea si sois bien humildes, penetradas de la verdad de que nada bueno tenemos nuestro y que seremos grandes, si penetrados de nuestra nada, desconfiamos de nosotros mismos y así nos echamos de lleno y plenamente con gran confianza en el Corazón de Jesús; seguros, muy seguras que allí todo lo encontraremos; pues el único obstáculo que hay para que el Océano inmenso de las Bondades de Jesús inunde nuestro corazón, es el obstáculo que pone nuestra dureza y terquedad, porque no acabamos de dejarnos en las manos del Señor, no acabamos de ser dóciles a El, queremos nosotros gobernarnos, nos parece que nosotros lo sabemos o sabríamos acertar más. ¿Cuándo acabaremos de echarnos en las manos del Señor, como un barro blando en manos del Alfarero? ¿Cuándo nos echaremos en manos de la Divina Providencia, con esa fe, con esa tranquilidad y confianza de quien sabe, que en las Manos del Señor, todo, todo será para nuestro bien? Si, hijas mías, os lo repito; desconfiar de nosotros mismos y confiar en el Señor; repitamos a menudo esta jaculatoria que todo lo comprende: “Dios mío, de mí desconfío, en Vos confío y me abandono.”

San Benito Menni. C. 445

 

Partirse y repartirse. Corpus Christi.

“Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo”. Jn 6

 

Somos un Pueblo de Dios creyente y caminante que necesita encontrarle visiblemente para seguir viviendo de Él y alcanzar la vida. Tenemos hambre de esperanza,  necesitamos a Jesucristo. En nuestro mundo hay multitudes hambrientas que necesitan pan.

Sabemos que el pan más importante es Jesucristo. Quería ante todo enseñarnos que hemos de buscarle y vivir de Él; quiso demostrar su amor dando de comer al hambriento e hizo de ello un imperativo evangélico fundamental.

Somos invitadas a recibirlo cada día en la eucaristía pero aún más importante a descubrirlo, servirlo en cada hermano. Hacernos pan para el hermano.

Él se partió y repartió. Nosotras estamos llamadas a Servir y amar.

La Trinidad misericordiosa.

Hoy celebramos la fiesta de la Santísima Trinidad, que nos recuerda el misterio del único Dios en tres Personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. La Trinidad es comunión de Personas divinas, las cuales son una con la otra, una para la otra y una en la otra: esta comunión es la vida de Dios, el misterio de amor del Dios Vivo. Y Jesús nos ha enseñado este misterio. Él nos ha hablado de Dios como Padre; nos ha hablado del Espíritu; y nos ha hablado de Sí mismo como Hijo de Dios. Y así nos ha revelado este misterio. Y cuando, resucitado, ha enviado a los discípulos a evangelizar a todos los pueblos les dijo que los bautizaran «en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» (Mt 28,19)

La Santísima Trinidad no es el producto de razonamientos humanos, es el rostro con el que Dios se ha revelado a sí mismo, no desde lo alto de un trono, sino caminando con la humanidad. Es Jesús quien nos ha revelado al Padre y quien nos ha prometido el Espíritu Santo.

Este misterio abraza toda nuestra vida y todo nuestro ser cristiano. Se nos llama a ser misterio de comunión, a ser siempre una Iglesia comunidad hospitalaria, donde toda persona, especialmente pobre y marginada, pueda encontrar acogida y sentirse hija de Dios, querida y amada».   (cfr. Homilía Papa Francisco día de la santísima trinidad 2015)

La vida Hospitalaria nos impulsa a ser signos de comunión y amor en nuestro mundo, acogiendo a cada persona como hijo de Dios y hermano nuestro. Porque para nosotras la experiencia de la trinidad es desde la Misericordia.

“No se olviden de practicar la hospitalidad, pues gracias a ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles”.( Heb. 13:2)

 

La Trinidad Misericordiosa.

El Hombre se encuentra claramente en el Centro, el hombre débil, acogido por el Dios misericordioso. Está rodeado, por todas partes por el ‘Dios puesto de lado’.

Lleno de amor, el Padre se inclina hacia el hombre. Lo abraza, lo sostiene, se ocupa de él, con ternura.

Jesús, el hijo de Dios, se inclina hacia él. Coge los pies del hombre, los cubre de besos, los lava. “No he venido para ser servido sino para servir”

El Espíritu Santo en forma de paloma y al mismo tiempo como una llama, viene de arriba y baja sobre el hombre. Quiere inundar de su amor al hombre, habitar en él.

Para Dios, el hombre está en el centro. Dios se arrodilla ante el hombre y desea que el hombre coloque a Dios en el centro de su vida

¡Qué bueno es el poder encontrarse en el CORAZÓN de un Dios así!

https://www.youtube.com/watch?v=GVh5NqZsoqY

Oramos por las Vocaciones

Durante toda esta semana, en toda la Congregación hemos celebrado la Semana Vocacional. “Impulsadas por el Espíritu para anunciar la Hospitalidad”. Ha sido una semana para dar gracias a Dios por la vocación Hospitalaria que hemos recibido, tanto las religiosas como los laicos, y también una semana para pedirle al Señor que siga enviando obreros a su mies, especialmente personas comprometidas con la Hospitalidad y que descubran lo que el Señor quiere de ellas.

El evangelio de este día nos enseña que lo primero es escuchar su voz. Nada tan fascinante como su voz para llevarnos a una profunda experiencia con Él. Jesús, el Buen Pastor, va delante señalándonos el camino.

Lo decisivo es seguirle, inspirarnos en su estilo de vida para orientar la nuestra. Nadie, como Él, responde a nuestras preguntas, a nuestros deseos más profundos, a nuestras necesidades más vitales. El Espíritu nos descubre cómo Jesús nos llama por nuestro nombre, nos cautiva para saborear la certeza de ser elegidas y amadas.

Dios llama cuando quiere y como quiere, pero para que surjan vocaciones a la vida religiosa hospitalaria es necesario que preparemos el terreno. Te pedimos Señor por todos los jóvenes que se cuestionan su futuro desde una opción de vida en beneficio de los que sufren.

 

Quien se deja atraer por la voz de Dios y se pone en camino para seguir a Jesús, descubre enseguida, dentro de él, un deseo incontenible de llevar la Buena Noticia a los hermanos, a través de la evangelización y el servicio movido por la caridad. (Papa Francisco)

 

Jesús camina junto a nosotros.

Mientras conversan, Jesús se acerca y se pone a caminar con ellos». Es el primer gesto del Resucitado. Los discípulos no son capaces de reconocerlo, pero Jesús ya está presente caminando junto a ellos. Se las arregla para encontrarnos discretamente en el camino de la vida. Nos alcanza siempre. ¿No camina hoy Jesús veladamente junto a nosotros?

Jesús está interesado en conversar con ellos: «¿Qué conversación es ésa que traían mientras iban de camino?» No se impone revelándoles su identidad. Les pide que sigan contando su experiencia. Con él, irán descubriendo su ceguera. Se les abrirán los ojos cuando, guiados por su palabra, hagan un recorrido interior.

Los discípulos le hablan de sus expectativas y decepciones; Jesús les ayuda a ahondar en la identidad del Mesías crucificado. El corazón de los discípulos comienza a arder; sienten necesidad de que aquel “desconocido” se quede con ellos. Al partir el pan se les abren los ojos y lo reconocen:¡Jesús está con ellos!

Jesús siempre sale a nuestro encuentro, escucha nuestras preocupaciones, nos acompaña y alienta. Él nos invita a ser hospitalarios con el que encontramos en nuestro camino, hospitalidad es acercarnos al hermano y hacerle un hueco en nuestro Hogar, hacerle sentir acogido, reconocido. Al compartir nuestra vida y acoger al hermano estamos acogiendo y a caminando con Jesús Resucitado.

Son muchos los que necesitan nuestra escucha y comprensión, necesitan orientación y un mensaje de esperanza. Hay muchos caminos de Emaús. Déjate encontrar por el resucitado y camina a su lado acogiendo al hermano más necesitado.

Jesús camina junto a nosotros.

Recorre el camino de la Hospitalidad.

Celebramos a San Benito Menni

Hoy, 24 de Abril, es un día muy especial para toda la Comunidad Hospitalaria ¡ESTAMOS DE FIESTA!, porque celebramos el día de San Benito Menni.

El aprendió desde niño a dejarse guiar por su profunda Fe que le llevaba a comprometerse y a acercarse allí donde hubiera alguien sufriendo. Benito Menni siente una vocación especial por los enfermos mentales, y se siente profundamente llamado a trabajar por ellos para devolverles su dignidad, y cuidarles y tratarles como los preferidos de Dios.

Fue un hombre sensible a las necesidades de los hombres y mujeres de su tiempo y se comprometió con ellos para solucionarlas. Pasó por la vida haciendo el bien: acogió en su casa a los pobres sin techo, se preocupó de los huérfanos, dio de comer a los hambrientos, vistió al que estaba desnudo, sirvió y curó a los enfermos.

Restauró la Orden de los Hermanos de san Juan de Dios y fundó la Congregación de las Hermanas Hospitalarias del Sagrado Corazón de Jesús. El Inició la Obra hospitalaria que nosotros continuamos.

Por todo ello nos alegramos con Cristo Resucitado le damos gracias por el bien que hizo san Benito Menni y por el que continúa haciendo a través de todas las personas que formamos la comunidad hospitalaria: hermanas, colaboradores, enfermos, usuarios y sus familias.

Hoy, seguimos celebrando la vida fecunda en obras de santidad de Benito Menni.

Hoy, su legado nos invita a seguir siendo fieles a la entrega por el que su sufre, porque Cristo resucitado se nos hace presente en las personas que atendemos y cuidamos.

Desde aquí queremos felicitar a todos los que formamos la gran FAMILIA HOSPITALARIA en un día tan especial.

Que seamos siempre testigos de este amor misericordioso de Dios a todas las personas que sufren, al estilo de San Benito Menni, y hagamos de la Hospitalidad nuestra seña de identidad. Que todos juntos, hermanas y laicos, sigamos recreando juntos el carisma de la Hospitalidad.

“Yo estoy convencido de que lo único y esencial es amar a Jesús y al prójimo por amor suyo.” ( S. Benito Menni c. 166)

¡FELIZ DÍA PARA TODOS

https://www.youtube.com/watch?v=xCVCOYi_yUI

Encontrarnos con el Resucitado

“Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado”.

Es el Resucitado el que habla y nos invita a tocar, acercarnos a las heridas de nuestros hermanos. Jesús Resucitado se manifiesta al meter la mano en las heridas de Jesús muerto, de Jesús que ha recogido el dolor del mundo.

“hagamos mucho bien a los pobres, que cuanto más desgraciados, representan más al vivo a Jesús Nuestro Redentor”. (S Benito Menni c. 346)

A Jesús Resucitado no solo le encontramos en la paz de las iglesias. Estamos llamados a meter la mano en las heridas del mundo y hay que acercarse a los pobres, a los marginados, a los que sufren por cualquier razón.

Tocando la cruz, es como nos encontramos con el Señor Resucitado. Tocando las heridas de nuestros hermanos y hermanas, será como podremos escuchar de los labios del mismo Jesús la palabra que sanará nuestro corazón: “Paz a vosotros”.

Vivir nuestra Hospitalidad es acercarnos cada día al sufrimiento de nuestros hermanos, de los enfermos. Desde nuestras actitudes de ternura, cercanía, escucha y acogida, ser signos y trasparencia de Cristo Resucitado, que a ellos también les dice “Paz a vosotros”

“Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo.” ( Gaudium et Spes)


“¡alabado sea Dios, que se digna servirse de nosotros para hacer algún bien a tantos desgraciados ¿De dónde hemos merecido nosotros la gracia de que se digne el Señor emplearnos en su servicio y en alivio de sus vivas imágenes?” (S Benito Menni c. 406)