Mª Josefa Recio. Amar a Dios, y amar al projimo

«Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?»  Él le dijo: «”Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser.” Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” (Mt,22, 36-39)

 

Todos nuestros deberes como cristianos se resumen en esos dos mandamientos: amar a Dios y amar a los hermanos.  Sólo el que ama a sus hermanos ama a Dios. Y el que no ama a sus hermanos no ama a Dios. No podemos dejar de ver la importancia de  aplicarlo a nuestra vida práctica, a la vida diaria, a las relaciones con nuestros hermanos.  Al escuchar la primera lectura de este domingo nos puede servir de ayuda para comprender mejor en que consiste este amor a Dios y a los hermanos. En ella se nos dice que Dios quiere que se cuide especialmente de los extranjeros, de los huérfanos y de las viudas, de los pobres, de los que no tienen nada con que cubrirse y  termina afirmando que cuando el pobre clame a Dios, “yo lo escucharé porque soy compasivo”. Amar a los hermanos, supone tener un especial cuidado de ellos en todas sus necesidades, especialmente de aquellos que son más pobres, más débiles, más frágiles y vulnerables. Servirles, devolverles su dignidad, respetarlos, acompañarlos, eso es amar a los hermanos.

Esta palabra toca el corazón del Carisma Hospitalaria., nos abre a la parábola del Buen samaritano ¿y quién es mi prójimo?

Pero enmarcado en este día Víspera del Aniversario de Muerte de la Venerable Mª Josefa Recio. No podemos dejar de recordarla como esa mujer que supo vivir estos dos mandamientos en totalidad, hasta dar su vida.

Nos dicen los biógrafos que era la primera en el servicio a las enfermas y se adelantaba siempre para encargarse de lo más penoso. Puesta de rodillas daba de comer, con mucho respeto y dignidad, con amor personal y fraterno,  en espíritu de fe y  con una veneración que servía de modelo a todas sus hermanas. En algunos testimonios sobre su vida podemos escuchar:

“Si en todas las virtudes se distinguió nuestra amada y querida fundadora, parece que la caridad era su principal ornamento, y la que hacia su carácter. Para todas, tanto hermanas como enfermas, demostraba amor de verdadera madre. Nos enseñaba a cuidar y a asear muy bien a las pobres dementes, y hacía que nos fuésemos alternando para que todas aprendiéramos a vestirlas y a arreglarlas, recomendándonos que siempre lo hiciéramos con espíritu de fe y mucho amor”.

“Como eran tantas sus ocupaciones, que le impedían estar constantemente al servicio de las pobres enfermas, acudía todos los días al acto de dar las comidas, y las servía con mucha amabilidad. Para todas tenía una palabrita de aliento y consuelo. Con frecuencia nos exhortaba a que tuviéramos con ellas una ardiente caridad, y que deberíamos asistirlas con veneración, haciéndonos cargo que en la persona de las enfermas, servíamos al mismo Dios”.

La Venerable María Josefa Recio ha sido y es, para todos los que vivimos la Hospitalidad, el modelo de lo que significa VIVIR PARA LOS DEMÁS, DESDE UNA ENTREGA TOTAL. Ella supo amar a Dios y amar al prójimo.

 

Damos gracias en este día por su vida y ejemplo. A su intercesión encomendamos nuestra misión Hospitalaria y la respuesta a la vocación.

Al ejemplo de  Mª Josefa Vive la Hospitalidad

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Nuestra piedra

¿Cuál es la piedra angular de tu vida?

Al leer el evangelio de este domingo no sé muy bien como pero me vino al recuerdo este  cuento que hace tiempo llego a mis manos y me hizo reflexionar precisamente donde está el fundamento de nuestra vida.

“En una pequeña aldea vivía un mendigo muy conocido por todos sus habitantes, por su asombrosa capacidad para dar consejos y ayudar a las personas. El mendigo, sólo pedía la voluntad por ofrecer sus sabias palabras a los habitantes del pueblo. Tal llegó a ser su fama que el Rey, sorprendido por lo que le contaban, decidió visitarlo y pedirle consejo. Tras visitarle, el Rey quedó muy satisfecho con los consejos del mendigo y le pidió que le acompañase al palacio para que pudiese ayudarle en las tareas del día a día. El mendigo accedió y se marchó a vivir a un suntuoso palacio.

Cada día que pasaba, el Rey se mostraba más satisfecho con la ayuda del mendigo hasta que decidió prescindir de todos sus consejeros.

Uno de estos consejeros, resentido por la decisión del Rey, decidió espiar al mendigo para descubrir de donde venía su capacidad para aconsejar tan sabiamente. Para su sorpresa descubrió que el mendigo abandonaba el palacio al atardecer y volvía a él antes de que amaneciese.

Un buen día decidió seguirle para ver qué hacía durante esas horas que se ausentaba del palacio.  Sorprendido vio como el mendigo se dirigía al anochecer a una cabaña que se encontraba a las afueras del palacio. Ahí, el mendigo se despojaba de sus ricos ropajes y se volvía a poner sus antiguos harapos. Luego se acostaba en el suelo sobre un lecho de paja. Por la mañana, el mendigo se volvía a poner sus ricas vestimentas y volvía a palacio.

El consejero se dirigió al mendigo y le preguntó:

“Mendigo, cuál es el motivo por el que te despojas de tus ropas para volver a ponerte tus harapos y duermes sobre el duro suelo pudiendo dormir sobre un lecho cómodo en el palacio”.

“Muy sencillo”, le contestó el mendigo. “Para no olvidarme nunca del lugar de donde vengo”.

Por que quien se olvida del lugar de donde viene, olvida parte de su esencia como persona.”

¡Su esencia como persona!

En nuestra vida Hospitalaria, en nuestra tarea evangelizadora, hacemos muchas cosas, podemos recibir elogios, valoraciones positivas de lo que hacemos, ver la recompensa a nuestros esfuerzos… y eso puede llevarnos a pensar que somos fuertes, importantes, que nos merecemos los elogios. Pero lo importante no es que hacemos sino quienes somos, cual es nuestra esencia, cual es nuestra piedra angular. porque si olvidamos de quien es la tarea, quien nos envia, de quien es la viña, nos puede pasar como a los trabajadores de la viña.

Para nosotros, la piedra angular de nuestra vida, de dónde venimos…es Dios Misericordia, Cristo Jesús, buen samaritano, Espíritu de Amor que construye familia, Hospitalidad. Volvamos siempre al origen de nuestra vocación, a la esencia de nuestra persona.

Vive la Hospitalidad.

Id también vosotros a mi viña

«El Reino de los Cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo: “Id también vosotros a mi viña, y os pagaré lo debido.” Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde e hizo lo mismo. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: “¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?” Le respondieron: “Nadie nos ha contratado.” Él les dijo: “Id también vosotros a mi viña.” Cuando oscureció, el dueño de la viña dijo al capataz: “Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros.” Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo: “Estos últimos han trabajado sólo una hora, y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno.” Él replicó a uno de ellos: “Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?” Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos.»  Mt 20,1-16.

Hoy volvemos a hablar de generosidad, de abundancia, en la lectura de Isaías escuchamos: “Mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos”

¿Qué podemos  descubrir en esta parábola? Quizás que no tenemos mucha idea de cómo es Dios. Lo que sabemos es porque nos lo ha revelado Jesús.  Y Jesús nos dice es que es un Padre, que nos quiere. Dios siempre nos sorprenderá con su amor.

La parábola quiere enseñar que este es el Dios de Jesús. Todo generosidad, amor, misericordia. Los obreros, que han llegado a última hora, no tienen mérito alguno, pero se les ha dado lo que sin duda necesitaban para su familia y para sus vidas. Es muy posible que no merecieran ese jornal, pero desde la bondad de Dios han recibido gratuitamente lo que necesitaban. Así es el Dios de Jesús, así es el Dios de la salvación, así es el Dios de «mis planes no son vuestros planes, mis caminos no son vuestros caminos». En el reino de Jesús los pobres, los pequeños, los vulnerables son los más importantes y nosotros no conocemos sus caminos, pero los últimos serán los primeros.  Cada uno estamos invitados a trabajar en su viña, cada uno mirado con amor y siempre con una paga generosa que puede colmar nuestro corazón.

Vive las Hospitalidad.

Seamos Sol

El Sol y el Viento:

Dice una historia que ” el sol y el viento discutían sobre cuál de dos era más fuerte. La discusión fue larga, porque ninguno de los dos quería ceder. Viendo que por el camino avanzaba un hombre, acordaron en probar sus fuerzas utilizándolas contra él.

Vas a ver, dijo el viento, como con sólo echarme sobre ese hombre, desgarro sus vestiduras.

Y comenzó a soplar cuanto podía. Pero cuantos más esfuerzos hacía, el hombre más oprimía su capa, gritando contra el viento, y seguía caminando. El viento encolerizado, descargó lluvia y nieve, pero el hombre no se detuvo, sino que se aferraba más a su capa. Comprendió el viento que no era posible arrancarle la capa.

Sonrió el Sol mostrándose entre dos nubes, recalentó la tierra y el pobre hombre, que se regocijaba con aquel dulce calor, se quitó la capa y se la puso sobre el hombro.

Ya ves, le dijo el Sol al Viento, como con bondad se consigue más que con violencia” (autor desconocido)

Con ternura, cercanía amor…podemos trasformar el mundo.

Somos invitados a pensar profundamente acerca de nuestras acciones. Muchas veces utilizamos la ironía, la agresividad y la burla para tratar de lograr nuestro objetivo; pero con esos métodos, es más difícil  alcanzarlos. Una sonrisa siempre puede lograr mucho más que el más fuerte de los gritos. Basta con ponerse  en el lugar de los demás para comprobarlo. ¿Qué prefieres, una sonrisa o un insulto? ¿una caricia o una bofetada? ¿una palabra tierna o una ironía?

Tratemos a nuestros hermanos de la misma manera en la que nos gustaría ser tratados. Así veremos que el mundo será mejor. Que la vida será mejor…

Construye Hospitalidad.

“No podéis imaginaros la alegría que causará en vuestro corazón… la práctica de la santa caridad hospitalaria, con las personas enfermas, acordándose que cada una de ellas, representa al vivo a Nuestro Señor Jesucristo y a su Madre María Santísima, y que Ellos reciben cuanto se hace por cada una de ellas, tanto más, cuanto mayor es su desgracia”  (cfr. C 660)

 

Escuchadlo

“Este es mi hijo amado, escuchadlo”

Cuando seamos capaces de alejarnos del ruido, de pararnos a escuchar la palabra y también al hermano que camina a nuestro lado, podemos reconocer el papel que juega Jesús en nuestra vida.

Subir con El al Tabor es descubrir aquellas situaciones que Dios nos regala y donde comprobamos que El camina junto a nosotras.  Subir con El al Tabor nos hace ver, leer,  asombrarnos ante la huella de Dios en nuestra Historia.

Al subir con El al Tabor descubrimos nuestra mision, estamos llamadas a seguirlo en el servicio y entrega a las personas necesitadas.

Escuchar significa hacer su voluntad, contemplar su persona, poner en práctica sus consejos, tomar nuestra cruz y seguirlo.

“Servir y Amar”

Corazón de Jesús

Hoy, viernes 23 de Junio, celebramos la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús. Para las Hermanas Hospitalarias hoy es un día importante, porque nuestra congregación nació del Corazón de Jesús. Nuestra espiritualidad se desarrolla en torno a ese Divino Corazón.

Corazón abierto, misericordiosos, donde encontramos descanso y fuerza para acoger y amar con los mismos sentimientos de Cristo. Objetivo de toda espiritualidad cristiana: la configuración progresiva con Cristo, sostenida e impulsada por el Espíritu.

Ojalá que sepamos contemplar a Cristo y descubrir en Él las actitudes que estamos llamados a encarnar en nuestra entrega a la misión hospitalaria. Todos los que formamos la familia Hospitalaria, religiosas y laicos estamos llamados a descubrirlo y seguirlo en nuestro servicio diario.

“Mis amadas hijas en el Señor, pequeñas y grandes; pues para mí todas sois grandes si sois pequeñas, o sea si sois bien humildes, penetradas de la verdad de que nada bueno tenemos nuestro y que seremos grandes, si penetrados de nuestra nada, desconfiamos de nosotros mismos y así nos echamos de lleno y plenamente con gran confianza en el Corazón de Jesús; seguros, muy seguras que allí todo lo encontraremos; pues el único obstáculo que hay para que el Océano inmenso de las Bondades de Jesús inunde nuestro corazón, es el obstáculo que pone nuestra dureza y terquedad, porque no acabamos de dejarnos en las manos del Señor, no acabamos de ser dóciles a El, queremos nosotros gobernarnos, nos parece que nosotros lo sabemos o sabríamos acertar más. ¿Cuándo acabaremos de echarnos en las manos del Señor, como un barro blando en manos del Alfarero? ¿Cuándo nos echaremos en manos de la Divina Providencia, con esa fe, con esa tranquilidad y confianza de quien sabe, que en las Manos del Señor, todo, todo será para nuestro bien? Si, hijas mías, os lo repito; desconfiar de nosotros mismos y confiar en el Señor; repitamos a menudo esta jaculatoria que todo lo comprende: “Dios mío, de mí desconfío, en Vos confío y me abandono.”

San Benito Menni. C. 445

 

Partirse y repartirse. Corpus Christi.

“Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo”. Jn 6

 

Somos un Pueblo de Dios creyente y caminante que necesita encontrarle visiblemente para seguir viviendo de Él y alcanzar la vida. Tenemos hambre de esperanza,  necesitamos a Jesucristo. En nuestro mundo hay multitudes hambrientas que necesitan pan.

Sabemos que el pan más importante es Jesucristo. Quería ante todo enseñarnos que hemos de buscarle y vivir de Él; quiso demostrar su amor dando de comer al hambriento e hizo de ello un imperativo evangélico fundamental.

Somos invitadas a recibirlo cada día en la eucaristía pero aún más importante a descubrirlo, servirlo en cada hermano. Hacernos pan para el hermano.

Él se partió y repartió. Nosotras estamos llamadas a Servir y amar.