Seamos Sol

El Sol y el Viento:

Dice una historia que ” el sol y el viento discutían sobre cuál de dos era más fuerte. La discusión fue larga, porque ninguno de los dos quería ceder. Viendo que por el camino avanzaba un hombre, acordaron en probar sus fuerzas utilizándolas contra él.

Vas a ver, dijo el viento, como con sólo echarme sobre ese hombre, desgarro sus vestiduras.

Y comenzó a soplar cuanto podía. Pero cuantos más esfuerzos hacía, el hombre más oprimía su capa, gritando contra el viento, y seguía caminando. El viento encolerizado, descargó lluvia y nieve, pero el hombre no se detuvo, sino que se aferraba más a su capa. Comprendió el viento que no era posible arrancarle la capa.

Sonrió el Sol mostrándose entre dos nubes, recalentó la tierra y el pobre hombre, que se regocijaba con aquel dulce calor, se quitó la capa y se la puso sobre el hombro.

Ya ves, le dijo el Sol al Viento, como con bondad se consigue más que con violencia” (autor desconocido)

Con ternura, cercanía amor…podemos trasformar el mundo.

Somos invitados a pensar profundamente acerca de nuestras acciones. Muchas veces utilizamos la ironía, la agresividad y la burla para tratar de lograr nuestro objetivo; pero con esos métodos, es más difícil  alcanzarlos. Una sonrisa siempre puede lograr mucho más que el más fuerte de los gritos. Basta con ponerse  en el lugar de los demás para comprobarlo. ¿Qué prefieres, una sonrisa o un insulto? ¿una caricia o una bofetada? ¿una palabra tierna o una ironía?

Tratemos a nuestros hermanos de la misma manera en la que nos gustaría ser tratados. Así veremos que el mundo será mejor. Que la vida será mejor…

Construye Hospitalidad.

“No podéis imaginaros la alegría que causará en vuestro corazón… la práctica de la santa caridad hospitalaria, con las personas enfermas, acordándose que cada una de ellas, representa al vivo a Nuestro Señor Jesucristo y a su Madre María Santísima, y que Ellos reciben cuanto se hace por cada una de ellas, tanto más, cuanto mayor es su desgracia”  (cfr. C 660)

 

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Escuchadlo

“Este es mi hijo amado, escuchadlo”

Cuando seamos capaces de alejarnos del ruido, de pararnos a escuchar la palabra y también al hermano que camina a nuestro lado, podemos reconocer el papel que juega Jesús en nuestra vida.

Subir con El al Tabor es descubrir aquellas situaciones que Dios nos regala y donde comprobamos que El camina junto a nosotras.  Subir con El al Tabor nos hace ver, leer,  asombrarnos ante la huella de Dios en nuestra Historia.

Al subir con El al Tabor descubrimos nuestra mision, estamos llamadas a seguirlo en el servicio y entrega a las personas necesitadas.

Escuchar significa hacer su voluntad, contemplar su persona, poner en práctica sus consejos, tomar nuestra cruz y seguirlo.

“Servir y Amar”

Corazón de Jesús

Hoy, viernes 23 de Junio, celebramos la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús. Para las Hermanas Hospitalarias hoy es un día importante, porque nuestra congregación nació del Corazón de Jesús. Nuestra espiritualidad se desarrolla en torno a ese Divino Corazón.

Corazón abierto, misericordiosos, donde encontramos descanso y fuerza para acoger y amar con los mismos sentimientos de Cristo. Objetivo de toda espiritualidad cristiana: la configuración progresiva con Cristo, sostenida e impulsada por el Espíritu.

Ojalá que sepamos contemplar a Cristo y descubrir en Él las actitudes que estamos llamados a encarnar en nuestra entrega a la misión hospitalaria. Todos los que formamos la familia Hospitalaria, religiosas y laicos estamos llamados a descubrirlo y seguirlo en nuestro servicio diario.

“Mis amadas hijas en el Señor, pequeñas y grandes; pues para mí todas sois grandes si sois pequeñas, o sea si sois bien humildes, penetradas de la verdad de que nada bueno tenemos nuestro y que seremos grandes, si penetrados de nuestra nada, desconfiamos de nosotros mismos y así nos echamos de lleno y plenamente con gran confianza en el Corazón de Jesús; seguros, muy seguras que allí todo lo encontraremos; pues el único obstáculo que hay para que el Océano inmenso de las Bondades de Jesús inunde nuestro corazón, es el obstáculo que pone nuestra dureza y terquedad, porque no acabamos de dejarnos en las manos del Señor, no acabamos de ser dóciles a El, queremos nosotros gobernarnos, nos parece que nosotros lo sabemos o sabríamos acertar más. ¿Cuándo acabaremos de echarnos en las manos del Señor, como un barro blando en manos del Alfarero? ¿Cuándo nos echaremos en manos de la Divina Providencia, con esa fe, con esa tranquilidad y confianza de quien sabe, que en las Manos del Señor, todo, todo será para nuestro bien? Si, hijas mías, os lo repito; desconfiar de nosotros mismos y confiar en el Señor; repitamos a menudo esta jaculatoria que todo lo comprende: “Dios mío, de mí desconfío, en Vos confío y me abandono.”

San Benito Menni. C. 445

 

Partirse y repartirse. Corpus Christi.

“Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo”. Jn 6

 

Somos un Pueblo de Dios creyente y caminante que necesita encontrarle visiblemente para seguir viviendo de Él y alcanzar la vida. Tenemos hambre de esperanza,  necesitamos a Jesucristo. En nuestro mundo hay multitudes hambrientas que necesitan pan.

Sabemos que el pan más importante es Jesucristo. Quería ante todo enseñarnos que hemos de buscarle y vivir de Él; quiso demostrar su amor dando de comer al hambriento e hizo de ello un imperativo evangélico fundamental.

Somos invitadas a recibirlo cada día en la eucaristía pero aún más importante a descubrirlo, servirlo en cada hermano. Hacernos pan para el hermano.

Él se partió y repartió. Nosotras estamos llamadas a Servir y amar.

La Trinidad misericordiosa.

Hoy celebramos la fiesta de la Santísima Trinidad, que nos recuerda el misterio del único Dios en tres Personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. La Trinidad es comunión de Personas divinas, las cuales son una con la otra, una para la otra y una en la otra: esta comunión es la vida de Dios, el misterio de amor del Dios Vivo. Y Jesús nos ha enseñado este misterio. Él nos ha hablado de Dios como Padre; nos ha hablado del Espíritu; y nos ha hablado de Sí mismo como Hijo de Dios. Y así nos ha revelado este misterio. Y cuando, resucitado, ha enviado a los discípulos a evangelizar a todos los pueblos les dijo que los bautizaran «en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» (Mt 28,19)

La Santísima Trinidad no es el producto de razonamientos humanos, es el rostro con el que Dios se ha revelado a sí mismo, no desde lo alto de un trono, sino caminando con la humanidad. Es Jesús quien nos ha revelado al Padre y quien nos ha prometido el Espíritu Santo.

Este misterio abraza toda nuestra vida y todo nuestro ser cristiano. Se nos llama a ser misterio de comunión, a ser siempre una Iglesia comunidad hospitalaria, donde toda persona, especialmente pobre y marginada, pueda encontrar acogida y sentirse hija de Dios, querida y amada».   (cfr. Homilía Papa Francisco día de la santísima trinidad 2015)

La vida Hospitalaria nos impulsa a ser signos de comunión y amor en nuestro mundo, acogiendo a cada persona como hijo de Dios y hermano nuestro. Porque para nosotras la experiencia de la trinidad es desde la Misericordia.

“No se olviden de practicar la hospitalidad, pues gracias a ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles”.( Heb. 13:2)

 

La Trinidad Misericordiosa.

El Hombre se encuentra claramente en el Centro, el hombre débil, acogido por el Dios misericordioso. Está rodeado, por todas partes por el ‘Dios puesto de lado’.

Lleno de amor, el Padre se inclina hacia el hombre. Lo abraza, lo sostiene, se ocupa de él, con ternura.

Jesús, el hijo de Dios, se inclina hacia él. Coge los pies del hombre, los cubre de besos, los lava. “No he venido para ser servido sino para servir”

El Espíritu Santo en forma de paloma y al mismo tiempo como una llama, viene de arriba y baja sobre el hombre. Quiere inundar de su amor al hombre, habitar en él.

Para Dios, el hombre está en el centro. Dios se arrodilla ante el hombre y desea que el hombre coloque a Dios en el centro de su vida

¡Qué bueno es el poder encontrarse en el CORAZÓN de un Dios así!

https://www.youtube.com/watch?v=GVh5NqZsoqY

Oramos por las Vocaciones

Durante toda esta semana, en toda la Congregación hemos celebrado la Semana Vocacional. “Impulsadas por el Espíritu para anunciar la Hospitalidad”. Ha sido una semana para dar gracias a Dios por la vocación Hospitalaria que hemos recibido, tanto las religiosas como los laicos, y también una semana para pedirle al Señor que siga enviando obreros a su mies, especialmente personas comprometidas con la Hospitalidad y que descubran lo que el Señor quiere de ellas.

El evangelio de este día nos enseña que lo primero es escuchar su voz. Nada tan fascinante como su voz para llevarnos a una profunda experiencia con Él. Jesús, el Buen Pastor, va delante señalándonos el camino.

Lo decisivo es seguirle, inspirarnos en su estilo de vida para orientar la nuestra. Nadie, como Él, responde a nuestras preguntas, a nuestros deseos más profundos, a nuestras necesidades más vitales. El Espíritu nos descubre cómo Jesús nos llama por nuestro nombre, nos cautiva para saborear la certeza de ser elegidas y amadas.

Dios llama cuando quiere y como quiere, pero para que surjan vocaciones a la vida religiosa hospitalaria es necesario que preparemos el terreno. Te pedimos Señor por todos los jóvenes que se cuestionan su futuro desde una opción de vida en beneficio de los que sufren.

 

Quien se deja atraer por la voz de Dios y se pone en camino para seguir a Jesús, descubre enseguida, dentro de él, un deseo incontenible de llevar la Buena Noticia a los hermanos, a través de la evangelización y el servicio movido por la caridad. (Papa Francisco)

 

Jesús camina junto a nosotros.

Mientras conversan, Jesús se acerca y se pone a caminar con ellos». Es el primer gesto del Resucitado. Los discípulos no son capaces de reconocerlo, pero Jesús ya está presente caminando junto a ellos. Se las arregla para encontrarnos discretamente en el camino de la vida. Nos alcanza siempre. ¿No camina hoy Jesús veladamente junto a nosotros?

Jesús está interesado en conversar con ellos: «¿Qué conversación es ésa que traían mientras iban de camino?» No se impone revelándoles su identidad. Les pide que sigan contando su experiencia. Con él, irán descubriendo su ceguera. Se les abrirán los ojos cuando, guiados por su palabra, hagan un recorrido interior.

Los discípulos le hablan de sus expectativas y decepciones; Jesús les ayuda a ahondar en la identidad del Mesías crucificado. El corazón de los discípulos comienza a arder; sienten necesidad de que aquel “desconocido” se quede con ellos. Al partir el pan se les abren los ojos y lo reconocen:¡Jesús está con ellos!

Jesús siempre sale a nuestro encuentro, escucha nuestras preocupaciones, nos acompaña y alienta. Él nos invita a ser hospitalarios con el que encontramos en nuestro camino, hospitalidad es acercarnos al hermano y hacerle un hueco en nuestro Hogar, hacerle sentir acogido, reconocido. Al compartir nuestra vida y acoger al hermano estamos acogiendo y a caminando con Jesús Resucitado.

Son muchos los que necesitan nuestra escucha y comprensión, necesitan orientación y un mensaje de esperanza. Hay muchos caminos de Emaús. Déjate encontrar por el resucitado y camina a su lado acogiendo al hermano más necesitado.

Jesús camina junto a nosotros.

Recorre el camino de la Hospitalidad.