Oramos por las Vocaciones

Durante toda esta semana, en toda la Congregación hemos celebrado la Semana Vocacional. “Impulsadas por el Espíritu para anunciar la Hospitalidad”. Ha sido una semana para dar gracias a Dios por la vocación Hospitalaria que hemos recibido, tanto las religiosas como los laicos, y también una semana para pedirle al Señor que siga enviando obreros a su mies, especialmente personas comprometidas con la Hospitalidad y que descubran lo que el Señor quiere de ellas.

El evangelio de este día nos enseña que lo primero es escuchar su voz. Nada tan fascinante como su voz para llevarnos a una profunda experiencia con Él. Jesús, el Buen Pastor, va delante señalándonos el camino.

Lo decisivo es seguirle, inspirarnos en su estilo de vida para orientar la nuestra. Nadie, como Él, responde a nuestras preguntas, a nuestros deseos más profundos, a nuestras necesidades más vitales. El Espíritu nos descubre cómo Jesús nos llama por nuestro nombre, nos cautiva para saborear la certeza de ser elegidas y amadas.

Dios llama cuando quiere y como quiere, pero para que surjan vocaciones a la vida religiosa hospitalaria es necesario que preparemos el terreno. Te pedimos Señor por todos los jóvenes que se cuestionan su futuro desde una opción de vida en beneficio de los que sufren.

 

Quien se deja atraer por la voz de Dios y se pone en camino para seguir a Jesús, descubre enseguida, dentro de él, un deseo incontenible de llevar la Buena Noticia a los hermanos, a través de la evangelización y el servicio movido por la caridad. (Papa Francisco)

 

Jesús camina junto a nosotros.

Mientras conversan, Jesús se acerca y se pone a caminar con ellos». Es el primer gesto del Resucitado. Los discípulos no son capaces de reconocerlo, pero Jesús ya está presente caminando junto a ellos. Se las arregla para encontrarnos discretamente en el camino de la vida. Nos alcanza siempre. ¿No camina hoy Jesús veladamente junto a nosotros?

Jesús está interesado en conversar con ellos: «¿Qué conversación es ésa que traían mientras iban de camino?» No se impone revelándoles su identidad. Les pide que sigan contando su experiencia. Con él, irán descubriendo su ceguera. Se les abrirán los ojos cuando, guiados por su palabra, hagan un recorrido interior.

Los discípulos le hablan de sus expectativas y decepciones; Jesús les ayuda a ahondar en la identidad del Mesías crucificado. El corazón de los discípulos comienza a arder; sienten necesidad de que aquel “desconocido” se quede con ellos. Al partir el pan se les abren los ojos y lo reconocen:¡Jesús está con ellos!

Jesús siempre sale a nuestro encuentro, escucha nuestras preocupaciones, nos acompaña y alienta. Él nos invita a ser hospitalarios con el que encontramos en nuestro camino, hospitalidad es acercarnos al hermano y hacerle un hueco en nuestro Hogar, hacerle sentir acogido, reconocido. Al compartir nuestra vida y acoger al hermano estamos acogiendo y a caminando con Jesús Resucitado.

Son muchos los que necesitan nuestra escucha y comprensión, necesitan orientación y un mensaje de esperanza. Hay muchos caminos de Emaús. Déjate encontrar por el resucitado y camina a su lado acogiendo al hermano más necesitado.

Jesús camina junto a nosotros.

Recorre el camino de la Hospitalidad.

Celebramos a San Benito Menni

Hoy, 24 de Abril, es un día muy especial para toda la Comunidad Hospitalaria ¡ESTAMOS DE FIESTA!, porque celebramos el día de San Benito Menni.

El aprendió desde niño a dejarse guiar por su profunda Fe que le llevaba a comprometerse y a acercarse allí donde hubiera alguien sufriendo. Benito Menni siente una vocación especial por los enfermos mentales, y se siente profundamente llamado a trabajar por ellos para devolverles su dignidad, y cuidarles y tratarles como los preferidos de Dios.

Fue un hombre sensible a las necesidades de los hombres y mujeres de su tiempo y se comprometió con ellos para solucionarlas. Pasó por la vida haciendo el bien: acogió en su casa a los pobres sin techo, se preocupó de los huérfanos, dio de comer a los hambrientos, vistió al que estaba desnudo, sirvió y curó a los enfermos.

Restauró la Orden de los Hermanos de san Juan de Dios y fundó la Congregación de las Hermanas Hospitalarias del Sagrado Corazón de Jesús. El Inició la Obra hospitalaria que nosotros continuamos.

Por todo ello nos alegramos con Cristo Resucitado le damos gracias por el bien que hizo san Benito Menni y por el que continúa haciendo a través de todas las personas que formamos la comunidad hospitalaria: hermanas, colaboradores, enfermos, usuarios y sus familias.

Hoy, seguimos celebrando la vida fecunda en obras de santidad de Benito Menni.

Hoy, su legado nos invita a seguir siendo fieles a la entrega por el que su sufre, porque Cristo resucitado se nos hace presente en las personas que atendemos y cuidamos.

Desde aquí queremos felicitar a todos los que formamos la gran FAMILIA HOSPITALARIA en un día tan especial.

Que seamos siempre testigos de este amor misericordioso de Dios a todas las personas que sufren, al estilo de San Benito Menni, y hagamos de la Hospitalidad nuestra seña de identidad. Que todos juntos, hermanas y laicos, sigamos recreando juntos el carisma de la Hospitalidad.

“Yo estoy convencido de que lo único y esencial es amar a Jesús y al prójimo por amor suyo.” ( S. Benito Menni c. 166)

¡FELIZ DÍA PARA TODOS

https://www.youtube.com/watch?v=xCVCOYi_yUI

Encontrarnos con el Resucitado

“Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado”.

Es el Resucitado el que habla y nos invita a tocar, acercarnos a las heridas de nuestros hermanos. Jesús Resucitado se manifiesta al meter la mano en las heridas de Jesús muerto, de Jesús que ha recogido el dolor del mundo.

“hagamos mucho bien a los pobres, que cuanto más desgraciados, representan más al vivo a Jesús Nuestro Redentor”. (S Benito Menni c. 346)

A Jesús Resucitado no solo le encontramos en la paz de las iglesias. Estamos llamados a meter la mano en las heridas del mundo y hay que acercarse a los pobres, a los marginados, a los que sufren por cualquier razón.

Tocando la cruz, es como nos encontramos con el Señor Resucitado. Tocando las heridas de nuestros hermanos y hermanas, será como podremos escuchar de los labios del mismo Jesús la palabra que sanará nuestro corazón: “Paz a vosotros”.

Vivir nuestra Hospitalidad es acercarnos cada día al sufrimiento de nuestros hermanos, de los enfermos. Desde nuestras actitudes de ternura, cercanía, escucha y acogida, ser signos y trasparencia de Cristo Resucitado, que a ellos también les dice “Paz a vosotros”

“Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo.” ( Gaudium et Spes)


“¡alabado sea Dios, que se digna servirse de nosotros para hacer algún bien a tantos desgraciados ¿De dónde hemos merecido nosotros la gracia de que se digne el Señor emplearnos en su servicio y en alivio de sus vivas imágenes?” (S Benito Menni c. 406)


 

SER HERMANOS

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Esta mañana al leer el evangelio, “Habéis oído que se dijo a los antiguos, pero yo os digo”… Por tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda”… no he podido evitar que me viniera a la memoria una vieja canción de Brotes de Olivo. “A tu altar he llegado”

La canción dice: “He creído que iba a ti y hasta tu altar he llegado, y al encontrarme contigo, algo me has preguntado: ¿Cómo se encuentra tu vida y la amistad con tu hermano? Si con él no te hayas bien, anda vete y ve a buscarlo. Cuando con él tengas paz, ven aquí, junto a mi lado. Entonces sí te recibo, porque yo vivo en tu hermano”. Sigue leyendo

Sabor de Hospitalidad

sal-y-luz-blogA quien lees esta reflexión: ¿te atreves a conocer y compartir el sabor de la hospitalidad?

Que nuestro obrar de cada día sea de tal manera que viendo nuestras buenas obras la gente glorifique al Padre del cielo. Vosotras sois la Luz y la Sal del mundo.

La sal no se ve, pero se nota. Hay muchas personas que pasan desapercibidas pero no paran de hacer el bien. A su lado se puede saborear la paz, la alegría, el amor. Nosotras estamos llamadas a ser ese toque de sabor en la vida. Nuestro testimonio brota de la alegría de pertenecerle a Cristo, de sentirnos amadas por nuestro Dios.

Hace ya unos cuantos años, cuando conocí a las Hermanas Hospitalarias. Cuando era una Joven de 18 años que quería comerse el mundo y no se me pasaba por la cabeza, que  yo misma podría ser Hospitalaria, estaba centrada en mis estudios y mis planes de futuro. No sé muy bien como pero en ese momento descubrí que de las cosas pequeñas, desde actitudes sencillas, desde la fragilidad, se pueden hacer grandes cosas.

Conocí a unas mujeres que vivían con inmensa alegría a pesar que su trabajo no era nada fácil, vivían con simplicidad, y quiero decir que no se hacían complicaciones en lo que vivían, pasaban sirviendo sin cansancio, con una sonrisa y una palabra amable en sus labios, siempre con la puerta de su casa abierta. Estaba cerca de la gente que sufría, de los niños con discapacidad, de personas que sufrían enfermedad mental, de personas mayores que se sentían solas y vulnerables y ellas como hormiguitas, hacían sus vidas más felices.

Al ir conociéndolas más, comencé a sentir que mi vida se iluminaba que adquiría una energía y una vitalidad nueva; Lo reconozco me asusté y no me apetecía nada sentirme así, yo estaba bien con mis proyectos.

¿Porque me siento iluminada por esta vida?

Al prestar mi servicio voluntario con aquellos chicos tan frágiles, pero a la vez tan llenos de ternura, de amor y además haciéndolo al lado de esas mujeres; ¿porque me siento llena de energía, de esperanza y de alegría? Era como la polilla que se siente atraída por la luz de una vela, por un lado sabes que si te acercas te puedes quemar, ¡pero es tan atrayente…!

Hoy a leer las lecturas de la Eucaristía lo he recordado; Ellas, las de los primeros momentos de mi búsqueda vocacional, las que he ido encontrando en mi vida y la de hoy, con las que comparto cada día…, siguen iluminando mi vida, llenándola de energía. Son Luz y Sal porque me llevan a Jesús.

Nuestra Vida Hospitalaria es partir el pan con el hambriento, hospedar al necesitado, vestir al que va desnudo y así brilla nuestra luz como la aurora. Somos Sal y Luz que nace de reconocer a Cristo en nuestra vida, de conocer y amar el mensaje del Evangelio, de querer compartirlo y vivirlo en la sencillez.

Quiero cantar la acción de gracias por la vida hospitalaria, por esas hermanas de ayer, hoy y mañana que vivimos con sencillez, siendo testigos de Cristo Misericordia, buen Samaritano, que vivimos la alegría y aun en momentos de oscuridad de nuestra vida, brilla sobre todo la luz de Cristo. Damos sabor a la vida de las personas a las que atendemos, a las personas que colaboran en nuestra misión; Damos sabor a la vida, sabor de hospitalidad.

Hoy repito con mayor fuerza el lema de la Jornada de la Vida Consagrada que celebrábamos el pasado 2 de febrero, Somos Testigos de la Esperanza y la Alegría.

Somos Sal y Luz en nuestro mundo. Tanto la luz y la sal, pueden pasar desapercibidas, pero una cosa es segura cuando falta nos damos cuenta de su necesidad. Tenemos una gran obra que construir Tenemos un Carisma poderoso para compartir. Estamos llamadas a ser irradiadoras de Hospitalidad. No nos dejemos vencer, en nuestra pequeñez, es nuestra sencillez, en nuestra alegría está el sabor de la Hospitalidad.

Ser testigos, acompañar a los que tenemos a nuestro lado, iluminar para que viendo las obras, conozcan al padre Misericordioso. A Cristo buen samaritano.El Papa Francisco nos dice que le gustaría alentar la vocación de los discípulos de Cristo a comunicar la alegría del Evangelio, a ser sal de la tierra y luz del mundo. La caridad fraterna, expresión viva del mandamiento nuevo de Jesús, se expresa en obras e instituciones que buscan la promoción integral de la persona, así como el cuidado y la protección de los más vulnerables. No se puede creer en Dios Padre sin ver un hermano en cada persona y no se puede seguir a Jesús sin entregar la vida por los Hermanos (Cfr. Homilía de S.S. Francisco, 9 de julio de 2015).

Demos Sabor de Hospitalidad.

Cristo Reina

20140812_073202El relato de la crucifixión, proclamado en esta fiesta de Cristo Rey, nos recuerda a los seguidores de Jesús que su reino no es un reino de gloria y de poder, sino de servicio, amor y entrega total para rescatar al ser humano del mal, el pecado y la muerte. Cristo Reina. Pero su Reinado es desde la pequeñez, desde los débiles. Su reinado es Misericordia. Miremos más allá de lo que se ve a simple vista y descubramos la presencia de Dios.

Habituados a proclamar la “victoria de la Cruz”, corremos el riesgo de olvidar que el Crucificado nada tiene que ver con un falso triunfalismo que vacía de contenido el gesto más sublime de servicio humilde de Dios hacia sus criaturas. La Cruz no es una especie de trofeo que mostramos a otros con orgullo, sino el símbolo del Amor crucificado de Dios que nos invita a seguir su ejemplo.

“Cuanto más pobres, representan más a Cristo” San Benito Menni