Está llamando

Samuel, Samuel…   aquí estoy, vengo porque me has llamado.

Un Joven escucha una voz que le llama por su nombre, pero no tiene claro de quien es esa llamada, pero tiene un corazón abierto y es otra persona quien le invita a ponerse a la escucha, le orienta, ¿tal vez sea Dios quien te llama?

Dios llama, insiste…  ¿Has escuchado alguna vez la voz de Dios que te llama y te invita a seguirle?

Todos somos llamados a seguirle, ver cómo vive y quedarnos a su lado, pues hemos encontrado al maestro, un tesoro para nuestra vida. Pero también somos llamados a señalarlo,  invitar a seguirle, “este es el cordero de Dios”

Habla señor, que tu siervo escucha.

Vive la Hospitalidad.

“Felices, felices mil veces, las almas que el Señor llama con tan gran Misericordia. Estimad esta gracia de la vocación como el mayor tesoro y la perla preciosísima que el Señor os concede”.

(San Benito Menni C.788)

 

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Feliz Año

Carta de año nuevo de San Benito Menni

Comenzamos un nuevo año cargado de esperanzas, de ilusiones, de sueños por realizar, de momentos que vivir y que disfrutar… y desde el primer momento, San Benito Menni nos transmite a través de una de sus cartas, los mejores deseos para este nuevo año 2018 que comienza. Que sus palabras nos ayuden a caminar con fuerza y confianza en que el Señor camina con nosotros a cada paso que damos.

A todas mis amadas hijas en el Señor:
Con el corazón puesto en Dios, os dirijo esta cartita, para manifestaros una vez más mis sentimientos y los deseos de mi corazón; al comenzar este Año Nuevo quisiera que todos comenzáramos una vida animada de un nuevo fervor.

Cuando examinamos nuestra vida, los beneficios innumerables que recibimos y cuán frágiles somos, vemos que no nos queda más que reconocer la bondad de Dios, y que solamente su infinita Misericordia es el fundamento de toda nuestra esperanza y nuestra alegría; porque El se complace en favorecer a las personas que sienten su pobreza, su indigencia, su indignidad y por esto mismo no descansan en sí mismas ni se fían de sí; sino que todo su descanso está en Dios, Padre nuestro, que ha venido a buscar a los pobres, a los que se reconocen pecadores y débiles, que con serenidad dicen: Dios mío, de mí desconfío, en Vos confío, en Vos me abandono y en vuestros brazos descanso.

Sin embargo, el Señor quiere que cooperemos con su gracia y que pongamos en práctica lo que podamos con su ayuda, y así recibiremos por nuestra fidelidad en las cosas pequeñas, la abundancia de gracias también para las grandes.

Vuestro afectísimo Padre, en Jesús, María y José,

Fray Benito Menni

Carta 232

Mª Josefa Recio. Amar a Dios, y amar al projimo

«Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?»  Él le dijo: «”Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser.” Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” (Mt,22, 36-39)

 

Todos nuestros deberes como cristianos se resumen en esos dos mandamientos: amar a Dios y amar a los hermanos.  Sólo el que ama a sus hermanos ama a Dios. Y el que no ama a sus hermanos no ama a Dios. No podemos dejar de ver la importancia de  aplicarlo a nuestra vida práctica, a la vida diaria, a las relaciones con nuestros hermanos.  Al escuchar la primera lectura de este domingo nos puede servir de ayuda para comprender mejor en que consiste este amor a Dios y a los hermanos. En ella se nos dice que Dios quiere que se cuide especialmente de los extranjeros, de los huérfanos y de las viudas, de los pobres, de los que no tienen nada con que cubrirse y  termina afirmando que cuando el pobre clame a Dios, “yo lo escucharé porque soy compasivo”. Amar a los hermanos, supone tener un especial cuidado de ellos en todas sus necesidades, especialmente de aquellos que son más pobres, más débiles, más frágiles y vulnerables. Servirles, devolverles su dignidad, respetarlos, acompañarlos, eso es amar a los hermanos.

Esta palabra toca el corazón del Carisma Hospitalaria., nos abre a la parábola del Buen samaritano ¿y quién es mi prójimo?

Pero enmarcado en este día Víspera del Aniversario de Muerte de la Venerable Mª Josefa Recio. No podemos dejar de recordarla como esa mujer que supo vivir estos dos mandamientos en totalidad, hasta dar su vida.

Nos dicen los biógrafos que era la primera en el servicio a las enfermas y se adelantaba siempre para encargarse de lo más penoso. Puesta de rodillas daba de comer, con mucho respeto y dignidad, con amor personal y fraterno,  en espíritu de fe y  con una veneración que servía de modelo a todas sus hermanas. En algunos testimonios sobre su vida podemos escuchar:

“Si en todas las virtudes se distinguió nuestra amada y querida fundadora, parece que la caridad era su principal ornamento, y la que hacia su carácter. Para todas, tanto hermanas como enfermas, demostraba amor de verdadera madre. Nos enseñaba a cuidar y a asear muy bien a las pobres dementes, y hacía que nos fuésemos alternando para que todas aprendiéramos a vestirlas y a arreglarlas, recomendándonos que siempre lo hiciéramos con espíritu de fe y mucho amor”.

“Como eran tantas sus ocupaciones, que le impedían estar constantemente al servicio de las pobres enfermas, acudía todos los días al acto de dar las comidas, y las servía con mucha amabilidad. Para todas tenía una palabrita de aliento y consuelo. Con frecuencia nos exhortaba a que tuviéramos con ellas una ardiente caridad, y que deberíamos asistirlas con veneración, haciéndonos cargo que en la persona de las enfermas, servíamos al mismo Dios”.

La Venerable María Josefa Recio ha sido y es, para todos los que vivimos la Hospitalidad, el modelo de lo que significa VIVIR PARA LOS DEMÁS, DESDE UNA ENTREGA TOTAL. Ella supo amar a Dios y amar al prójimo.

 

Damos gracias en este día por su vida y ejemplo. A su intercesión encomendamos nuestra misión Hospitalaria y la respuesta a la vocación.

Al ejemplo de  Mª Josefa Vive la Hospitalidad

Nuestra piedra

¿Cuál es la piedra angular de tu vida?

Al leer el evangelio de este domingo no sé muy bien como pero me vino al recuerdo este  cuento que hace tiempo llego a mis manos y me hizo reflexionar precisamente donde está el fundamento de nuestra vida.

“En una pequeña aldea vivía un mendigo muy conocido por todos sus habitantes, por su asombrosa capacidad para dar consejos y ayudar a las personas. El mendigo, sólo pedía la voluntad por ofrecer sus sabias palabras a los habitantes del pueblo. Tal llegó a ser su fama que el Rey, sorprendido por lo que le contaban, decidió visitarlo y pedirle consejo. Tras visitarle, el Rey quedó muy satisfecho con los consejos del mendigo y le pidió que le acompañase al palacio para que pudiese ayudarle en las tareas del día a día. El mendigo accedió y se marchó a vivir a un suntuoso palacio.

Cada día que pasaba, el Rey se mostraba más satisfecho con la ayuda del mendigo hasta que decidió prescindir de todos sus consejeros.

Uno de estos consejeros, resentido por la decisión del Rey, decidió espiar al mendigo para descubrir de donde venía su capacidad para aconsejar tan sabiamente. Para su sorpresa descubrió que el mendigo abandonaba el palacio al atardecer y volvía a él antes de que amaneciese.

Un buen día decidió seguirle para ver qué hacía durante esas horas que se ausentaba del palacio.  Sorprendido vio como el mendigo se dirigía al anochecer a una cabaña que se encontraba a las afueras del palacio. Ahí, el mendigo se despojaba de sus ricos ropajes y se volvía a poner sus antiguos harapos. Luego se acostaba en el suelo sobre un lecho de paja. Por la mañana, el mendigo se volvía a poner sus ricas vestimentas y volvía a palacio.

El consejero se dirigió al mendigo y le preguntó:

“Mendigo, cuál es el motivo por el que te despojas de tus ropas para volver a ponerte tus harapos y duermes sobre el duro suelo pudiendo dormir sobre un lecho cómodo en el palacio”.

“Muy sencillo”, le contestó el mendigo. “Para no olvidarme nunca del lugar de donde vengo”.

Por que quien se olvida del lugar de donde viene, olvida parte de su esencia como persona.”

¡Su esencia como persona!

En nuestra vida Hospitalaria, en nuestra tarea evangelizadora, hacemos muchas cosas, podemos recibir elogios, valoraciones positivas de lo que hacemos, ver la recompensa a nuestros esfuerzos… y eso puede llevarnos a pensar que somos fuertes, importantes, que nos merecemos los elogios. Pero lo importante no es que hacemos sino quienes somos, cual es nuestra esencia, cual es nuestra piedra angular. porque si olvidamos de quien es la tarea, quien nos envia, de quien es la viña, nos puede pasar como a los trabajadores de la viña.

Para nosotros, la piedra angular de nuestra vida, de dónde venimos…es Dios Misericordia, Cristo Jesús, buen samaritano, Espíritu de Amor que construye familia, Hospitalidad. Volvamos siempre al origen de nuestra vocación, a la esencia de nuestra persona.

Vive la Hospitalidad.

Id también vosotros a mi viña

«El Reino de los Cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo: “Id también vosotros a mi viña, y os pagaré lo debido.” Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde e hizo lo mismo. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: “¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?” Le respondieron: “Nadie nos ha contratado.” Él les dijo: “Id también vosotros a mi viña.” Cuando oscureció, el dueño de la viña dijo al capataz: “Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros.” Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo: “Estos últimos han trabajado sólo una hora, y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno.” Él replicó a uno de ellos: “Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?” Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos.»  Mt 20,1-16.

Hoy volvemos a hablar de generosidad, de abundancia, en la lectura de Isaías escuchamos: “Mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos”

¿Qué podemos  descubrir en esta parábola? Quizás que no tenemos mucha idea de cómo es Dios. Lo que sabemos es porque nos lo ha revelado Jesús.  Y Jesús nos dice es que es un Padre, que nos quiere. Dios siempre nos sorprenderá con su amor.

La parábola quiere enseñar que este es el Dios de Jesús. Todo generosidad, amor, misericordia. Los obreros, que han llegado a última hora, no tienen mérito alguno, pero se les ha dado lo que sin duda necesitaban para su familia y para sus vidas. Es muy posible que no merecieran ese jornal, pero desde la bondad de Dios han recibido gratuitamente lo que necesitaban. Así es el Dios de Jesús, así es el Dios de la salvación, así es el Dios de «mis planes no son vuestros planes, mis caminos no son vuestros caminos». En el reino de Jesús los pobres, los pequeños, los vulnerables son los más importantes y nosotros no conocemos sus caminos, pero los últimos serán los primeros.  Cada uno estamos invitados a trabajar en su viña, cada uno mirado con amor y siempre con una paga generosa que puede colmar nuestro corazón.

Vive las Hospitalidad.

Seamos Sol

El Sol y el Viento:

Dice una historia que ” el sol y el viento discutían sobre cuál de dos era más fuerte. La discusión fue larga, porque ninguno de los dos quería ceder. Viendo que por el camino avanzaba un hombre, acordaron en probar sus fuerzas utilizándolas contra él.

Vas a ver, dijo el viento, como con sólo echarme sobre ese hombre, desgarro sus vestiduras.

Y comenzó a soplar cuanto podía. Pero cuantos más esfuerzos hacía, el hombre más oprimía su capa, gritando contra el viento, y seguía caminando. El viento encolerizado, descargó lluvia y nieve, pero el hombre no se detuvo, sino que se aferraba más a su capa. Comprendió el viento que no era posible arrancarle la capa.

Sonrió el Sol mostrándose entre dos nubes, recalentó la tierra y el pobre hombre, que se regocijaba con aquel dulce calor, se quitó la capa y se la puso sobre el hombro.

Ya ves, le dijo el Sol al Viento, como con bondad se consigue más que con violencia” (autor desconocido)

Con ternura, cercanía amor…podemos trasformar el mundo.

Somos invitados a pensar profundamente acerca de nuestras acciones. Muchas veces utilizamos la ironía, la agresividad y la burla para tratar de lograr nuestro objetivo; pero con esos métodos, es más difícil  alcanzarlos. Una sonrisa siempre puede lograr mucho más que el más fuerte de los gritos. Basta con ponerse  en el lugar de los demás para comprobarlo. ¿Qué prefieres, una sonrisa o un insulto? ¿una caricia o una bofetada? ¿una palabra tierna o una ironía?

Tratemos a nuestros hermanos de la misma manera en la que nos gustaría ser tratados. Así veremos que el mundo será mejor. Que la vida será mejor…

Construye Hospitalidad.

“No podéis imaginaros la alegría que causará en vuestro corazón… la práctica de la santa caridad hospitalaria, con las personas enfermas, acordándose que cada una de ellas, representa al vivo a Nuestro Señor Jesucristo y a su Madre María Santísima, y que Ellos reciben cuanto se hace por cada una de ellas, tanto más, cuanto mayor es su desgracia”  (cfr. C 660)

 

Escuchadlo

“Este es mi hijo amado, escuchadlo”

Cuando seamos capaces de alejarnos del ruido, de pararnos a escuchar la palabra y también al hermano que camina a nuestro lado, podemos reconocer el papel que juega Jesús en nuestra vida.

Subir con El al Tabor es descubrir aquellas situaciones que Dios nos regala y donde comprobamos que El camina junto a nosotras.  Subir con El al Tabor nos hace ver, leer,  asombrarnos ante la huella de Dios en nuestra Historia.

Al subir con El al Tabor descubrimos nuestra mision, estamos llamadas a seguirlo en el servicio y entrega a las personas necesitadas.

Escuchar significa hacer su voluntad, contemplar su persona, poner en práctica sus consejos, tomar nuestra cruz y seguirlo.

“Servir y Amar”