Alegría, oración y gratitud nos preparan a la Navidad

Hemos encendido nuestra tercera vela que hoy representa la alegría que dará al mundo la venida de Cristo, Alegría, oración y gratitud nos preparan a la Navidad

El Papa Francisco en el Ángelus de hoy nos decía:

“San Pablo nos invita a preparar la venida del Señor asumiendo tres actitudes: la alegría constante, la oración perseverante y la acción de gracias continua».

No podemos olvidar que la certeza de nuestra alegría es Jesús, en esta primera actitud, el Apóstol exhorta a estar siempre alegres, aun cuando las cosas no marchan como quisiéramos,  pero está esa alegría profunda, que es la paz, señaló el Papa, recordando que las angustias, las dificultades y los sufrimientos atraviesan la vida de cada uno. Y que muchas veces la realidad que nos rodea parece árida como la del desierto en el que resonaba la voz de Juan Bautista, como recuerda el Evangelio. Pero las palabras del Bautista nos revelan la certeza de nuestra alegría:

“Se trata de Jesús, el enviado por el Padre que viene, como subraya Isaías, a dar la buena noticia a los que sufren, para vendar los corazones desgarrados, para proclamar la amnistía a los cautivos, y a los prisioneros la libertad, para proclamar el año de gracia del Señor”

La alegría del cristiano, mana de la fe y del encuentro con Jesucristo, razón de nuestra felicidad. Y cuanto más arraigados estamos en Cristo, cuanto más cerca de Jesús estamos, más encontramos serenidad interior, aun en medio de las contradicciones cotidianas. Por ello el cristiano, habiendo encontrado a Jesús, no puede ser profeta de desventuras, sino testigo y heraldo de alegría. Una alegría que hay que compartir con los demás; una alegría contagiosa que hace menos fatigoso el camino de la vida”

En nuestra vida Hospitalaria estamos llamados a manifestar alegría en nuestra vida, manifestar en el mundo del sufrimiento psíquico, la buena noticia de Jesús que viene y trae salvación, paz, justicia, alegría.

 

No neguemos nada a Jesús y entonces la Alegría inundara nuestro corazón.”  (San Benito Menni.c 144.)

 

 

 

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Dios con Nosotras

Le pondrá por nombre Emmanuel, que significa Dios con Nosotros.

4-doming-adv-3Isaías nos anuncia el nacimiento de un futuro Rey que colmará las esperanzas del pueblo. No se trata de un rey como los reyes de la tierra, sino más bien todo lo contrario. No tiene oro, ni es rico. Es rico en bondad, en capacidad de perdonar, en solidaridad y misericordia con los más necesitados

Dios ha optado por el hombre y se ha unido a nuestra vulnerabilidad. La suerte de los hombres y la de Dios van unidas. Es más que un pacto de amistad. Es más que una alianza de amor. Es “Dios-con-nosotros”. Lo encontramos en los Sacramentos, en la Palabra. Pero también se encuentra en todos los hombres, especialmente los pobres, los marginados y los enfermos. Dios está con nosotros en la familia, en la comunidad, en el trabajo, en la amistad, en la oración, en el dolor y en el amor.

Hoy nos acercamos a María para empaparnos del amor que Dios nos tiene, para entrar en la revolución de la ternura. Jesús es el Dios con nosotros, el Dios que habita nuestra interioridad. No estamos solos. Una mujer está encinta. Nos trae vida, salvación.

Cuando José se despertó hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y se llevó a casa a su mujer.

María en este camino hacia la Navidad es importante, pero José nos enseña una cosa también muy importante, aceptar los planes de Dios, aunque no coincidan con los planes que nosotros tenemos. José, sabe quién es el niño y calla, servir en silencio, pasar desapercibido, vivir siempre en actitud de sincera humildad; Es ésta, sin duda, una lección que nos da san José. Él supo crecerse ante las dificultades y contratiempos que fueron surgiendo en los días del nacimiento. Él logró encontrar un lugar abrigado para María y el Niño. Él ejecutó con fidelidad las órdenes que le iba dando el Señor por medio de su ángel. Acepta y hace en cada momento lo que tenía que hacer.

La capacidad de escucha, de confianza en Dios y de aceptación de su voluntad que tuvieron María y José debe ser para nosotras un ejemplo que nos anime a superar cualquier problema. Cuando no hay esperanza vacilan el amor y la fe, pero el seguidor de Jesucristo tiene que ser una persona esperanzada y esperanzadora. Dios cumple su promesa, es “Dios con nosotros”. Con El a nuestro lado todo se llena de luz, de sentido.

Este domingo entremos en la casa de José y de María, la casa de la ternura, la casa de la esperanza, la casa de Jesús. Somos llamadas a llevar el misterio de Jesús a nuestras comunidades, porque es Dios con nosotras, que nos hace celebrar la Navidad con gozo y gratitud, implicadas en la justicia, en el servicio a los más pobres, con la conciencia de que Dios nace cada día en cada hermano que sufre, en cada persona abandonada, en los caídos en el camino. Dios nace y nosotras tenemos Hospitalidad para acogerlo.

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“Donde nace Dios, florece la misericordia, que sana las heridas y vence el mal. Donde nace Dios, nace la esperanza, y donde nace la esperanza, las personas encuentran la dignidad”

(Papa Francisco).

¡ALEGRATE!

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Este Domingo de adviento hemos encendido nuestra tercera vela que hoy representa la alegría que dará al mundo la venida de Cristo, para lo cual también es necesario tener un corazón dispuesto a recibirlo. En las tinieblas se encendió una luz, en el desierto clamó una voz. Se anuncia la buena noticia: ¡El Señor va a llegar! ¡Preparen sus caminos, porque ya se acerca!

Cuando encendemos las tres velas cada una de nosotras quiere ser antorcha para que Jesús brille, llama para que caliente.

Domingo de Gaudete, estamos invitadas a permanecer alegres en el Señor porque su venida está muy próxima. La alegría por el nacimiento de Jesús es cada vez mayor, y esa alegría es signo de la presencia de Dios con nosotras, porque sabemos que está con nosotras al reunirnos en su nombre, y porque estando con Él nada nos falta.

Cada domingo, ahondamos en la importancia de lo que vamos a celebrar en la Navidad. La encarnación de nuestro Dios y la implantación del Reino, es algo central para nuestra fe. Hoy el evangelio nos invita a mirar a la cara de aquellos que están marginados o excluidos, pararnos y preguntarnos si van recuperando la dignidad. Porque, para eso vino Cristo, para levantar al caído. “Se despegarán los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán, saltará como un ciervo el cojo, la lengua del mudo cantará. Volverán los rescatados del Señor, vendrán a Sión con cánticos: en cabeza, alegría perpetua; siguiéndolos, gozo y alegría. Pena y aflicción se alejarán.” (Is. 35)

“¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?” Jesús les respondió: “Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven, y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios, y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia el Evangelio. ¡Y dichoso el que no se escandalice de mí!” (Mt. 11)

No es tiempo de especular, en qué consiste la liberación. Estamos llamadas a hacer realidad con nuestra vida hospitalaria la liberación, porque Cristo está a nuestro lado; el enfermo, el marginado, el abandonado es tratado con dignidad y ternura; el que esta caído es levantado y acogido. Cristo viene

Con María la mujer creyente que se alegra en Dios salvador, el que levanta a los humillados y dispersa a los soberbios, el que colma de bienes a los hambrientos y despide a los ricos vacíos; con ella salimos a los caminos de nuestra vida y proclamamos que la alegría verdadera sólo es posible en el corazón del hombre que anhela y busca justicia; libertad, fraternidad. Que vive la hospitalidad en una profunda actitud de bondad y ternura y en un servicio paciente, continuo, abnegado y alegre a los enfermos, vivas imágenes de Jesús.

¡Cómo no vamos a estar alegres! Con la alegría y la esperanza que nos da la certeza de que el Señor ya viene, hoy con más ilusión y más fuerza le decimos VEN SEÑOR NO TARDES.

“No neguemos nada a Jesús y entonces la Alegría inundara nuestro corazón.”

(San Benito Menni.c 144.)

¡Convertíos! Está cerca el Reino de los cielos

advito-2-blog-1En este tiempo de Adviento, tiempo espera, nos encontramos con el grito de Juan. “Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos”. Esta llamada nos invita a comprender que nuestra  esperanza no se identifica con quedarnos tranquilos, sentarnos a esperar, pensar que ya estamos salvados. Esta espera es una búsqueda continua de la misericordia de Dios, es conversión de corazón, es búsqueda de la presencia del Señor que viene, que ya está. El tiempo de Adviento, es “conversión que pasa del corazón a las obras y, consiguientemente, a la vida entera del cristiano” (San Juan Pablo II).

Aprovechemos, este tiempo para renovar nuestra opción por Jesucristo. La voz del Bautista sigue resonando en nuestros caminos: “Una voz grita en el desierto: “Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos.” (Mt 3,3).

Escuchemos la voz que llevamos en nuestro interior, esperando que comprendamos lo que es el Adviento. Salgamos a las plazas, los caminos… al desierto, allí podremos sentir la brisa del Reino, que sopla con fuerza y nos invita a cambiar la mirada, a convertirnos.

“El Adviento es un tiempo para preparar nuestros corazones a acoger a Cristo Salvador, nuestra esperanza.” (Papa Francisco)

Un Cristo Salvador que “No juzgará por apariencias ni sentenciará sólo de oídas; juzgará a los pobres con justicia, con rectitud a los desamparados.” (Is. 11)

Que en sus días florezca la justicia, y la paz abunde eternamente. Él librará al pobre que clamaba, al afligido que no tenía protector; él se apiadará del pobre y del indigente, y salvará la vida de los pobres. (Sal.71)

Para los que queremos vivir la Hospitalidad, la conversión que se nos pide es una mirada, desde lo profundo, hacia el hermano que tengo a mi lado. No juzgar por apariencias, sino viendo a la persona. El salvara la vida de los pobres, aquellos en lo que hoy está viniendo.

Porque el reino de los cielos está cerca. Mira a tu lado y lo descubrirás.adviento-blog2

“Más vale exceder en Misericordia que en Justicia”

(San Benito Menni. c. 797)