Un fin de semana en el Complejo Hospitalario San Luis (Palencia)

20150307_110918He hecho muchos voluntariados a lo largo de mi vida, y este ha sido uno de los más especiales que recuerdo.
Por muchos motivos, pese a ser un sitio donde reina la enfermedad, el clima es muy humano y saludable. El lugar donde se encuentra el hospital es espectacular, los jardines, como está todo cuidado, las áreas, las zonas comunes, la cafetería, la capilla…es una mini ciudad, es un hogar.
Las hermanas y los trabajadores nos han hecho sentir como en casa.

Yo tuve la suerte de ir con Maria José y otros jóvenes, por todo el hospital, cantando con un acordeón, es increíble la de sonrisas que se pueden arrancar con un poco de música, y con un repertorio limitado. Parece increíble, pero bailamos: “Paquito chocolatero” en habitaciones con gente muy enferma, en los últimos días de sus vidas, y lo que en cualquier situación parece una locura, allí era lo más normal. Algunos lo agradecían con lágrimas, otros con miradas, otros con sonrisas. Fue genial recorrer el hospital así, ver un poco todas las realidades.

Le enfermedad genera situaciones muy complicadas, vuelve a las personas niños, pero no me imagino un sitio mejor para tener una vida en esas circunstancias. Con paciencia, con fe y cambiando la mirada, se puede tener una vida feliz.
No se me olvidará nunca, ese matrimonio que no se ha separado ni un solo día, pese que a que 22 años de Alzheimer les pisan los talones. Ese hombre que acariciando a su mujer que no le reconoce dice: “por dentro ya nada es igual, pero por fuera…está tan guapa como siempre”. Ese amor solo puede ser obra de Dios. No había visto nada igual.

Y así, tantas historias, cada una de las personas que viven allí: con sus vivencias, con sus problemas, sus alegrías, sus situaciones; y allí están todos en armonía, como una grandísima familia cuidando unos de los otros.
No puedo contar las veces que nos han dado las gracias, y no, las gracias las tenemos que dar nosotros. Gracias al hospital por abrirnos las puertas, gracias de verdad, porque un fin de semana es corto, y dejamos muy poquito, pero nos llevamos algo que no creo que se nos olvidará nunca.

Paloma Villaverde

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