Experiencia Hospitalaria en Palencia

Hace unos días, un grupo de jóvenes del Centro Loyola de Valladolid, vivieron en nuestra casa de Palencia, una experiencia hospitalaria de fin de semana.
Dos de estas jóvenes, universitarias, Teresa e Isabel, nos cuentan cómo han vivido esta experiencia y lo que ha supuesto para ellas. ¡Gracias chicas!

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El miedo existe… esa es precisamente la palabra que podría titular nuestro inicio de fin de semana…

Y así llegamos a Palencia, un viernes triste, de esos de frío, de gotas de lluvia dejándose resbalar por los cristales del coche, al compás de un viento que las hacía bailar casi a tanta velocidad como todas esas ideas que llevaban días robándonos instantes vacíos de pensamientos: ¿qué voy a descubrir?, ¿podré enfrentarme?, ¿me desbordaré con la realidad que allí existe?, ¿sabré plantarle cara al miedo? …

20140330_134600Huracán de emociones: ilusión, ganas, empeño… y una lista infinita de verbos que podríamos resumir en una simple pero paradójica “tristeza alegre, alegre tristeza”

Pronto empezamos nuestro recorrido por aquel lugar al que hoy podríamos, sin lugar a dudas, calificar de casa… pero de casa entendida como hogar.
Conocimos la alegría de todos aquellos que forman esa gran familia de la que rápidamente nos sentimos parte importante. Y todo a cambio de un simple “buenos días”… Pero no son de ese tipo de buenos días que dices por compromiso, casi sin vacilar. No. Son de esos que te arrancan una sonrisa, de los que te hacen pensar que esto vale la pena.
Nosotros llegamos con los brazos totalmente extendidos, dispuestos a ayudar, a poner todo de nuestra parte. Pero ellos a cambio nos abrieron su corazón, sin dilaciones. Ahí la cosa empezó a tener sentido…

20140329_095616Y fueron pasando las horas, los días, las experiencias compartidas. Esas que de verdad nos unen. Y una lección importante: Estábamos ante un problema sin respuesta, ¡cómo tantos otros! No merece la pena ahogar esfuerzos en buscar los por qué, sino convertir esa lucha en un “dejarnos manchar”, (dejarte manchar como te diría un buen amigo), y simplemente ayudarles con todo el abanico de nuestras posibilidades.
Es algo así como escuchar en lugar de oír, mirar en lugar de ver … Mostrándonos vulnerables, dejándonos invadir por Dios. Porque ahí, sintiendo nuestra propia fragilidad, es donde más podemos entender, donde más podemos ofrecer esa ayuda Y ahí es cuando el corazón se incendia…

Tenderles la mano con la total intención de tocar el corazón.

20140329_092926También descubrimos ese sentimiento que mejor define a Dios, el amor. Un amor que descubrimos en la entrega sin límites de las Hermanas Hospitalarias, que forman el pilar de esa comunidad que tan bien nos acogió. A través de ellas entendimos que el error comienza al plantearte si lo importante reside en el dar o no dar. Cuando lo que de verdad importa y marca la diferencia es el “dar o darlo todo”. Y ellas siguen en su día a día ese camino, haciendo tangibles las letras de esa canción que dice: “…entregarlo todo sin espera de algo más, ser de los demás…”

Aprendimos también que en muchos aspectos, la vida religiosa es envidiable. Que tenemos una Iglesia enorme, ¡tan grande y con tantos carismas!… Son cosas que nos ayudan a reafirmarnos en nuestra fe y a sentirnos, si cabe, más orgullosos de ella.

Parte importante fue encontrar la fuerza para avanzar. Pasos hacia delante, siempre con retroceso… Pero ahí estabas Tú. Te encontramos en los ratos de oración, en los momentos de silencio, en el cariño de los demás, sinónimo de sonrisas, de miradas perdidas entre infinitos pasillos… Ese Dios que nos impulsa, que nos lleva de la mano, que nos llena de espíritu. Nos tornaste valientes. Nos diste fuerza infinita.

20140330_120216Y domingo. Y final de un fin de semana intenso. Un fin de semana del que nos llevamos infinidad de cosas, destacando ese amor infinito y esa entrega a la que estamos llamados y que es la que al final pone en marcha al corazón…

Levántate y anda, cuando no encuentre horizonte, porque siempre hay un camino que recorrer, y no hay razón para dejar de intentarlo.
Levántate y anda, aunque te rodeen las sombras. La luz se abre paso por resquicios insospechados, y al iluminar la realidad la llena de posibilidades.

Levántate y anda, aunque te opriman las vendas. Puedes quitarte muchos estorbos que te impiden avanzar, y avanzarás más liviano, más libre, más alegre.
Deja atrás las sombras y tumbas, los silencios y miedos, las parálisis y vendas que te aíslan y entristecen. Deja atrás las pequeñas muertes que adulteran la vida. Vamos Lázaro, levántate y anda.

 EL MIEDO EXISTE, TU ELIGES SI TE UNES A EL O TE ENFRENTAS

Teresa Pérez Garrido, 4º Económicas, Centro Loyola, Valladolid
Isabel Casal Beloy, 6º Medicina, Centro Loyola, Valladolid

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