Experiencias de hospitalidad en Ciempozuelos

El pasado sábado un grupo de jóvenes visitó el centro de Ciempozuelos y disfrutaron de una jornada de voluntariado allí con todos los residentes. Aquí os dejamos el testimonio de uno de ellos.

foto grupo

Somos un grupo de jóvenes de Villaviciosa de Odón y gracias a GAP vivimos una experiencia que jamás olvidaremos. Nos dieron la oportunidad de visitar el Hospital Psiquiátrico de Ciempozuelos el pasado sábado.
La idea que teníamos de estos centros era completamente diferente a la realidad. Creíamos que nos íbamos a encontrar con enfermos violentos e incluso peligrosos para nosotros, con un entorno mucho más sombrío y solitario de lo que realmente es. Se nos pasaba por la cabeza esas imágenes que nos ha inculcado la sociedad a través de películas, noticias, prejuicios…deshumanizando a los enfermos mentales. Pero esto no disminuyó nuestras ganas de pasar un día con ellos y conocerlos realmente.
Al llegar allí, nos recibió la Hermana Sor Isabel que nos acompañaría durante el resto del día. Tuvimos una charla con ella sobre la historia del centro, lo que nos íbamos a encontrar, pero nos llamó la atención que no nos explicara cómo actuar ante situaciones complicadas. Más tarde comprendimos por qué.
Nos llevó a la unidad donde se encontraban algunos de los 650 pacientes que residían allí. Nos recibieron con mucha alegría y cariño, a pesar de no conocernos de nada. Nos hicieron sentir como parte de su familia y desde el primer momento conectamos muy bien con ellos.
Por la mañana, hicimos un taller de pintura donde expresaron sus habilidades y finalmente colgamos sus dibujos en el salón principal. Al medio día ayudamos a los asistentes a darle de comer a los pacientes menos autónomos.
Después de comer, Sor Isabel nos enseñó el resto del centro y pudimos comprobar que era una autentica comunidad, donde los enfermos tenían una inesperada independencia.
Sin embargo, lo que más disfrutamos fue la fiesta que nos habían organizado por la tarde: un baile con los pacientes del hospital. No exageramos al decir que fue una fiesta muy animada, con música de todas las clases donde todos bailamos sin parar.
Sin darnos cuenta, se pasó el resto de la tarde donde llegó el momento más difícil del día: la despedida. Nos despedimos individualmente emocionados y conmovidos, parecía que ya nos conocíamos de toda la vida. Pero nos hicieron irnos con una gran sonrisa y sin parar de agradecernos el tiempo que habíamos compartido con ellos.
Nuestra experiencia ha sido más que positiva; no por lo que hemos dado sino por lo que hemos recibido. Hemos entendido lo que actualmente hay en un Hospital Psiquiátrico o lo que algunos vulgarmente llaman manicomio. Hemos aprendido que pacientes de allí tienen mucha más humanidad que otras con las que nos topamos cada día. Se trata de personas que lejos de ser repudiadas socialmente son un ejemplo de constancia, cariño, alegría y motivación sin precedentes.
Animamos a todos los jóvenes a vivir este tipo de voluntariado para demostrar que un pequeño gesto sí puede cambiar y mejorar el mundo que compartimos.

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