Testimonios hospitalarios

Desde Palencia nos siguen llegando testimonios de jóvenes que su experiencia este verano ha sido tan positiva y tan llena de vida y de momentos inolvidables, que quieren compartirlas con todos nosotros. Damos las gracias a todos ellos y os las iremos publicando poco a poco.

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DibujoDespués de que el año pasado no pude llevarlo a cabo, de nuevo pude volver a pasar unos días de verano en otra realidad distinta a la mía habitual. Está vez el Espíritu nos guió a once compañeros y a mí hasta el complejo hospitalario psiquiátrico de San Luís, un pedacito de cielo situado en Palencia, fundado y dirigido por las Hermanas Hospitalarias. Sus amplísimas instalaciones, sus grandes ventanales, sus cuidadísimos jardines y sus trabajadores tan llenos de amor en su trabajo y hacia quienes trabajan hacen del centro un lugar ideal donde las personas con enfermedad mental pueden vivir muy felizmente, y, sobre todo, con algo con lo que en la calle, en su casa, no podían vivir: Con la dignidad y con la aceptación de los demás. Allí cada enfermo recupera su condición de persona, de ser humano, de ser “uno más y no uno de más”. Muchos vuelven a sentirse útiles, encuentran a gente con la que poder compartir su vida o al menos encuentran un lugar donde ser y sentirse cuidados y protegidos.

En el hospital se respira un ambiente muy especial, más humano y muy distinto al de otras instituciones sanitarias debido, sin duda, al toque de humanidad y de Dios que le ponen las hermanas y el ser una institución llevada por una orden de mujeres dedicadas en vida a Dios y a uno de los colectivo más desplazados y ocultos de nuestra vista en nuestra sociedad.

En cuanto a mí, me volví a encontrar con la alegría del dar. La vida del doctor Giuseppe Moscati, a la cual dedicamos una de las tardes, puede ser también un buen ejemplo de ello. Dar, dar y dar a quien te lo pide, y a quien no, pero que obviamente te necesita. Se trata de una intuición, esa intuición de que en ese dar gratuitamente sin esperar nada a cambio y en esa persona a la que le ofrecemos nuestro servicio para ayudarle y alegrarle en la medida que puedas el día se encuentra Dios y con Él la felicidad y la plenitud que da sentido a toda una vida.

Igualmente, en esta experiencia vi también la importancia de que exista una coherencia personal entre el Evangelio, el hacerse llamar cristiano y la vida interior. Pablo parece que ya en su tiempo se percató de esta pequeña realidad: “Aunque tuviera tanta fe como para trasladar montañas, si me falta el amor nada soy.” (1 Cor, 13). Por mucho que se crezca en la oración, por muy abundante que sea la vida interior, por mucho que se madure en la fe, si no te lleva a dar amor a los demás, a poner a disposición de los demás tu tiempo, tu dedicación y tus dones, de nada sirve, toda oración y toda vida interior es vacía.

Cuando le preguntaron a Jesús que cuál era el mandamiento principal de la ley, él mismo respondió: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser”; y continuó: “El segundo es semejante a é: Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mt 22, 34-40). En estas palabras, Él mismo nos remarca que nunca olvidemos lo importante, lo esencial, lo fundamental de todo su mensaje. Ama, perdona, da y vive por amor.

Gabriel

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La experiencia de Palencia fue para mí como un relámpago, que conmueve, despierta, que deja la huella. Vine con las manos vacías, la cabeza atormentada por dudas e incertidumbres, preguntándome de vez en cuando si sería capaz de dar y de servir. Salí con el equipaje sobrecargado con recuerdos, guardando las palabras, los rostros que jamás olvidaré.
El Centro San Luis es un recinto enorme, iluminado por el sol que entra por las ventanas extensas, rodeado por los espacios verdes. Parece ser una ciudad aparte, sin embargo al adentrarse en sus pasillos infinitos vas descubriéndolo cada vez más cercano. El paseo por uno de los corredores dura tanto tiempo no solo por causa de su longitud o por el riesgo de perderse, sino más bien por la cantidad innumerable de los encuentros que tienes a lo largo del camino. Intercambias los saludos, las miradas, sonrisas y palabras, así que luego te sientes invitado a compartir este ritmo de la vida, te dejas ser acogido para poder acoger. Nadie espera que hagas hazañas grandes, por eso mi descubrimiento de la insuficiencia de las herramientas de las que dispongo, no me espanta tanto. Aprendí a valorar la presencia constante al lado de la persona necesitada, la sonrisa, unas veces correspondida con cariño, otras no, pero no hay que rendirse – cada uno tiene su tiempo de familiarizarse. Luego los paseos, los juegos de bola, las comidas, parecía tan poco lo que puedo hacer. Teniendo esto en cuenta, intenté poner en cada actividad simple, todo de este poco que tengo, consciente de que para esta persona dada –esto es todo lo que obtiene. El encuentro con la fragilidad ajena es para mí algo que me obliga a involucrarme en la actitud acogedora para no profundizar las heridas de rechazo sino ir aprendiendo a suavizarlas.
Me asombré pensando en cómo Dios planifica nuestros encuentros, como en algύn momento dado de nuestra vida cruza los caminos aparentemente tan lejanos, para que en ese momento que nos da, podamos entablar una relación, o por lo menos intercambiar las palabras entrañables que nos animen a seguir adelante. Puede ser que nunca más volvamos a encontrarnos en esta realidad, pero la huella de un encuentro permanece y la podemos guardar.
Me siento muy agradecida por esta posibilidad de compartir su vida, de dar y obtener. Lo repiten muchos de los que han participado alguna vez en los campos de trabajo y voy a repetirlo también – la verdad es que he obtenido mucho más que he podido dar. En este momento tengo que subrayar como los amigos de la unidad San José me ayudaron a superar las barreras lingüísticas. Para ellos la necesidad de conversación, la curiosidad de la gente fue mayor que los impedimentos y la torpeza que yo sufría en este campo. Hablando con ellos comprendí que más importante que la forma correcta del mensaje, es el contenido que queremos transmitir. La disponibilidad de aprender el lenguaje individual de cada uno, de captar la información inefable.
Muchas gracias a las Hermanas Hospitalarias por el notable ambiente de la acogida que crean, que fue la primera cosa que me impactó, gracias por el ejemplo de la vida en plenitud, entregada en servicio.
También quería agradecer a todos los que han participado en este campo de trabajo por su auténtico testimonio de la fe, por los momentos compartidos que me han enriquecido inmenso, por su alegría y vivacidad.

Kamila

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