El silencio del Sábado Santo

Todo ha acabado, el silencio es total: en el Cenáculo, a Getsemani, a las plazas, en los tribunales, en la calle, en el calvario. Poca ruido, la gente celebra la pascua a las casas. Discípulos escondidos y desechos. Al final el odio, y al injusticia han vencido, como siempre.

Escucha este silencio y este pensamiento, que también pueden estar en nuestros corazones y en muchos ambientes de nuestra sociedad e incluso en nuestra Iglesia. La fatalidad; el que gana al final es el más fuerte. Jesús ausente.

Pero hay en la oscuridad una luz encendida: la fe de la María, ella vela. Sabe lo que es sufrir por su hijo. Valiente ha estado presente en todo. La espada que le habían dicho que traspasaría su corazón, ha sido real. Pero desde la fe, la misma que aquella mañana de la Anunciación del ángel, cuando va aceptar ser la madre de Jesús, cuando dejo sí; era previsible la muerte de su amado Hijo y Señor. Y también la misma fe era la que le recordaba lo que había dicho tantas veces sobre la resurrección. La luz de la fe en medio de la noche. (Jesús Renau)

JESÚS EL GRAN AUSENTE

Jesús el sábado santo es el gran ausente. Está en la memoria de sus discípulos, amigos y amigas, como todos los que han muerto y son amados. ¿Pero dónde está? Se cuerpo está en el sepulcro. Una gran piedra hace imposible la entrada, hay un guarda que vigila la entrada. Es necesario experimentar, esta ausencia del Señor.

También la vida de las personas hay muchos sábados santos. La experiencia de la ausencia de Dios. Todo sigue, todo va bien o mal, todo se mueve, pero Él esta callado, como muerto, en un sepulcro, que tiene una losa inmensa y bien vigilada por los guardianes… ¿Quién no ha pasado por situaciones parecidas? Desierto, sequedad, dudas…

No pasa también un sábado santo nuestra sociedad…? ¿Dónde esta Jesús? ¿Qué piedras lo separa de nosotros? ¿qué sospechas de engaños, de miedos escondidos, de dudas y temores…?

Al comenzar este Sábado Santo, podemos contemplar la fe de María y pedirle que con ella velemos con la esperanza que el mal no tiene la última palabra, que otro mundo, otra Iglesia es posible. Intentemos pedirle esta fe, ese coraje, esa constancia, el don de creer más allá, de lo que parece que se ha acabado. (Jesús Renau)

PARA REFLEXIONAR

Hoy día de silencio, de esperar, de soledad… bueno la nuestra es una soledad compartida, estamos con María, nadie como ella, supo hacer de la suya una espera gozosa sostenida en la fe y confiando en lo que Jesús les dijo y que ella guardo en su corazón en espera.

Deja por un momento tus preocupaciones habituales, hombre insignificante; entra por un instante dentro de ti mismo, alejándote del tumulto de tus pensamientos confusos y las preocupaciones inquietantes que te oprimen.

Entra en lo más profundo de tu alma, aleja de ti todo, excepto a Dios y lo que te puede ayudar a encontrarlo. Cierra la puerta de tu habitación, y búscalo en el silencio. Di a Dios con todas tus fuerzas, díselo al Señor. Busco tu rostro. Tu rostro busco, Señor.

Y ahora, Señor y Dios mío, enséñame cómo y en dónde tengo que buscarte, en dónde y cómo te alcanzaré. Si no estás en mí, Señor, si estás ausente ¿en dónde te encontraré? Si estás en todas partes, ¿por qué no te haces aquí presente
¿En qué huellas, en qué signo te encontraré?

SALMO PARA REZAR

Entre dos luces dejaron tu cuerpo muerto en la tumba.
Las mujeres cubrieron tus llagas con lino y dejaron,
entrada la noche, los aromas, los ungüentos,
para el día tercero que el alba las sorprendió en camino.
Dejaron tu cuerpo en tierra vacía y virgen.
Dejaron las heridas del siervo en el corazón de la madre, dolorido.
Sola y fría quedaba la cruz en la noche vieja,
entre la rabia del triunfo de los que te dieron por maldito.
Tu cruz, Señor del alba, fue un fracaso al viento,
de los hombres endurecidos, de corazón entendido.
Tu cruz fue signo del hombre nuevo en espera
acogido por el corazón humilde y sencillo.

Señor del alba. Crucificado y resucitador del hombre,
proyecto nuevo para el corazón en camino,
haz de la humanidad, humanidad nueva, creación nueva,
donde el hombre nuevo se sienta hermano y amigo.
Abre Señor de la historia, el camino del corazón humano
y que se abra a la altura y ala bajura de lo escondido.
Que no se instale en la tumba del dinero, de las cosas, del poder, y se ponga como, peregrino.

Señor del alba, fueron ellas, las mujeres, que anunciaron
la gran noticia de que el crucificado estaba erguido,
como columna en la noche que guía al pueblo,
hacia la casa del Padre, en reconciliación con los hijos.
Gracias Señor del alba, que tu persona y tu programa
no podían quedarse muertos. Que tu vida hecha estilo
era para el hombre nuevo la razón de su destino.

Señor del alba, Señor de la paz y el bien,
haz de mi corazón que busca, un poema nuevo;
que el drama hecho salmo de la humanidad que sangra
encuentre, después de la cruz, nuevo camino.

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