Hospitalidad, constructores de paz

La paz se construye día a día en la búsqueda del orden querido por Dios y sólo puede florecer cuando cada uno reconoce la propia responsabilidad para promoverla. Para prevenir conflictos y violencias, es absolutamente necesario que la paz comience a vivirse como un valor en el interior de cada persona: así podrá extenderse a las familias y a las diversas formas de agregación social, hasta alcanzar a toda la comunidad política. En un dilatado clima de concordia y respeto de la justicia, puede madurar una auténtica cultura de paz, capaz de extenderse también a la Comunidad Internacional. La paz es, por tanto, « el fruto del orden plantado en la sociedad humana por su divino Fundador, y que los hombres, sedientos siempre de una justicia más perfecta, han de llevar a cabo ». Este ideal de paz « no se puede lograr si no se asegura el bien de las personas y la comunicación espontánea entre los hombres de sus riquezas de orden intelectual y espiritual ».

(Compendio DSI nº 494 y 495)

Señor, queremos recordar tu bondad, que nunca ha defraudado la esperanza, de los que luchan por tu causa. Estás cerca de todos. Y el hombre ya no es más enemigo del hombre, ni la tierra será en adelante hostil a los pies que la caminan, porque el hombre y la tierra han sido habitados, colmados por la gratuita presencia de nuestro Dios.
Seremos un solo pueblo bien edificado, y seremos una familia que no baja los brazos, una familia de un solo corazón, que busca cada día a través de la Hospitalidad el camino de la solidaridad.
AMÉN

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