El abrazo de misericordia

Dichosos

Jesús quiere gritar a todos lo que el Padre le ha comunicado. Se sienta, para indicar que lo que va a decir es muy importante. Lo va a hacer con calma, para que su palabra penetre como la lluvia en la tierra. Se le acercan los discípulos y se pone a hablar enseñándoles. Jesus está feliz porque sobre los que no cuentan se ha derrochado la gracia. Estando Jesús cerca no hay tristeza ni hundimiento definitivos. Toda la pequeñez de la tierra se reviste de fiesta ante su presencia. Jesús pone frente a sí todo lo bajo y despreciable de este mundo.

¡Dichosa tu pobreza y tus llantos, tu hambre y tus gestos de misericordia, tu corazón limpio y ese trabajo tuyo sencillo pero difícil por la paz, tu estilo de vida aunque te acaree burlas y persecución… porque todo esto, que a uno le da ganas de esconder para que nadie lo vea, lo ha buscado Dios para besarlo, y poner en ello su Reino y su consuelo, lo ha escogido para nacer él mismo y ser la riqueza y el don más grande del hombre, de todo hombre!

La oración del abrazo se vive cuando miramos y abrazamos con ternura todas esas situaciones que vemos día a día, en nuestro trabajo, en la televisión, en la calle… y que a uno, muchas veces, le dan ganas de no mirar.

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