El abrazo de compasión

Subió a la montaña

Jesús, volcado sobre las gentes, tiene también los ojos del corazón abiertos para mirar al Padre. Siempre encuentra tiempo para irse a estar con Él. Sube al monte, para orar, para entrar en intimidad con su Abbá. Y en ese diálogo de amor, el Padre le muestra su rostro de misericordia entrañable y de cariño para todos; de modo especial, para esa retahíla de oprimidos, hambrientas, cautivos, ciegos, los que se doblan, justos, peregrinos, huérfanos, viudas. Éstos no merecen ni una línea en los medios de comunicación, pero sorprendentemente sus nombres están tatuados en el corazón del Padre. A Jesús se le graba todo esto dentro y necesitará gritar desde los tejados lo escuchado en la intimidad.

La oración del abrazo se amasa cuando contemplamos con calma la ternura y la misericordia del Padre hacia los últimos. Que sepamos ver en el rostros de las personas más necesitadas, de los enfermos y de los pobres, el rostro de Dios hecho hombre y entregado por amor.

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