El abrazo de la mirada

¡Al ver Jesús al gentío!

Jesús va por la vida con los ojos bien abiertos. Ve todo lo que tiene delante. Ve a la gente, con su dolor y su gozo, con su búsqueda y su cansancio. Y se encuentra con muchas miradas: cercanas y distantes, autosuficientes o de súplica, desconfiadas o amigables. Jesús es un contemplativo de los mil rostros que habitan nuestro mundo. Pero es más, Jesús es la mirada del Padre y, como decía San Juan de la Cruz, el “mirar de Dios es amar”. Por eso, no puede mirar sin amar, sin comprometerse con los que tiene ante sí.

La oración del abrazo comienza cuando detenemos nuestra mirada en las personas que se cruzan con nosotros cada día, de la mañana a la noche.

Que en nuestra vida diaria, en nuestro hacer hospitalario, sepamos mirar como Jesús a cada persona, con su debilidad y su pobreza, transmitiendo con nuestra mirada el amor de DIos.

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