Permitid a Dios que se encarne

Permitid a Dios que se encarne,
en vuestro ojos, en vuestros labios,
en vuestras manos,
en los pasos de vuestros pies,
pero, sobre todo,
que se encarne en vuestro corazón.
Permite a Dios que se encarne en todo tu ser,
y que mire a través,
que hable a través de tus labios,
que acaricie a través de tus manos,
que camine a través de tus pasos,
Permite a Dios, sobre todo,
que se encarne en tu corazón,
y que su bondad y ternura infinita,
se derrame a través de tu corazón.
Permite a Dios que sea el centro y el todo de tu alma,
y se encarne y se irradie
en tus gestos, en tus palabras,
en tus miradas, en tus silencio,
y en cada paso de tus pies,
y en toda la expresión de tu persona.
Permite a Dios que sea el centro y el todo de tu alma,
permite a Dios que, en definitiva, se encarne en TODO TU SER,
hasta ser todo TÚ, expresión y presencia de su Espíritu.

Fuente: Buscando Vida

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