Decir “Amén” es una manera de manifestar nuestra fe y convicción. Nuestra oración es una glosa de las bienaventuranzas de Jesús, de encarnar la HOSPITALIDAD, para llenar los días de este año, de la felicidad de Dios, comprometiéndonos a vivirlas a lo largo de este tiempo de gracia que Dios nos concede…

1.- Dichosas las personas comprensivas, que nunca nos juzgan y nos aceptan tal como somos; porque nos enseñan la manera más verdadera de amar y nos hacen sentirnos queridos por Dios.
2.- Dichosas las personas generosas; las que creen que lo que tienen no es para retenerlo sino para compartirlo con los que no tienen; porque nos enseñan la gran lección de que es más satisfactorio dar que recibir y compartir que retener.
3.- Dichosas las personas con esperanza, que tienen una visión certera de las cosas de la vida y de la muerte; porque animan nuestras horas y dan a nuestra vida una dimensión más profunda.
4.- Dichosas las personas solidarias: las que tienen la lucidez de descubrir quién se encuentra sólo y se acerca siempre; porque están dando la limosna más ignorada, más necesaria y más confortadora que podemos dar a los necesitados.
5.- Dichosas las personas humildes, capaces de vivir en la verdad, y que jamás utilizan a los demás para medrar o parecer importantes; porque nos enseñan con sus vidas los caminos más verdaderos de la paz.
6.- Dichosas las personas que tratan con Dios como un Padre cada día y que saben ver el mundo y a cada una de las personas como las ve Dios; porque nos muestran el mejor camino de la oración y nos ayudarán a descubrir el único deseo de nuestro Padre: que vivamos la vida como hermanos y que nuestra sociedad sea el Reino que Jesús vino a construir.
7.- Dichosas las personas creadoras: las que en lugar de lamentos ante las situaciones difíciles, buscan soluciones; las que saben reconocer las aportaciones de los demás, porque con sus ojos nuevos nos ayudan a llenar este mundo de esperanza y de alegría.
8.- Dichosas las personas pacientes: que saben que el amor, muchas veces, pasa por el sufrimiento; que nos enseñan a dar sentido al sufrimiento, a mirar a los que más sufren y a relativizar nuestros propios sufrimientos, a intentar eliminar los sufrimientos y a no protestar o lamentarnos estérilmente.
9.- Dichosas las personas que viven como Jesús vivió: amando a todos y anunciando el mensaje de salvación.
Señor, te damos gracias cada día por tu vida, por tu mensaje, por tu evangelio y por las personas que, que al vivir conforme a las bienaventuranzas, nos ayudan a hacer realidad tu HOSPITALIDAD. Ayúdanos a que a lo largo de este año que nos regalas, las vivamos, para felicidad nuestra y de todos los que viven con nosotros.